sábado, 20 de abril de 2013

Sobre lo gris y lo europeo


Artículo de opinión para El Sátiro Mordaz por Laura Martínez
Existe un inconfundible olor a cream tea en Reino Unido a eso de las 17.00 de la tarde. Todo un tópico, pero real al fin y al cabo. El cream tea es un panecillo cubierto de mermelada y nata montada –casera, por supuesto-, que se acompaña de té con leche. Se trata de la merienda británica que acrece el instinto del dulce. Sin embargo hay algo en Londres que la hace distinta al resto del mundo. Su aroma es una mezcla de cream tea con comida china, hindú e italiana, menús que la gente engulle con esa distorsión horaria.
Todos tienen una extraña percepción del tiempo: se levantan y desayunan demasiado temprano, comen demasiado temprano y cenan demasiado temprano, hasta la hora en la que se dan a la bebida es demasiado temprana. ¿Quién en su sano juicio podría olvidar las penas a las siete de la tarde? The Clashlos Rolling Stones,Pink FloydThe WhoDavid Bowie, ¿tomarían ellos también té a las cinco? ¿comerían ese ridículo pan con pepino y untado en mantequilla?
Luego está ese color plúmbeo que lo empapa todo y que acompaña hasta en la más oscura noche. Allá a donde vas el gris te persigue. Sus gentes lo saben y te advierten de ello cantando con ese acento británico tan pausado y cursi con el que alargan las palabras. Qué raro hablan. Qué raro visten. ¡Qué raro que sonrían con ese tiempo de mierda! Pero todo el mundo adora Londres. Se esconden allí huyendo de la filosofía mediterránea de dejar pasar las cosas. Son más organizados, más meticulosos, más perfeccionistas. En resumen, son más europeos. Lo afirman ellos y lo afirman también los que no son ellos.
Y cómo me molesta ese equívoco uso del concepto europeo, como si tuviera que ser algo estándar, como si fuera una etiqueta con una única definición. Italianos, portugueses, griegos y españoles no entran dentro de ella. Nosotros somos, y no de mis propias palabras, más latinos. Dominamos de sangrías y no de políticas, nos da lo mismo la corrupción y no sabemos de trabajo. Somos los vagos, los cerrados, los ineuropeos. Y mientras nos lo dicen- con ese mismo acento tan pausado y cursi con el que alargan las palabras-, nosotros agachamos la cabeza y decimos que “Spain is different”, incluso en su idioma para que nos entiendan. Nos avergüenza no ser de ese tipo de gente que no conoce el calor de la noche e infravaloramos todo lo que aquí tenemos. Por descontado, no voy a desmentir cosas que son totalmente ciertas sobre nosotros, pero creo que es el momento de ponerle punto y final a esa fama que tenemos de ser unos ineptos incompetentes. Nos evalúan el inglés diciendo siempre delante la expresión de: “para ser español”. Un handicap que nos perseguirá en la eternidad. Por ejemplo: “Para ser español, qué nivel de inglés tan alto tienes”. Deberíamos estar un poco hartos de ser los lailolailo. Pero despegarnos de nuestra increíble fama que nos despoja de ser europeos es tarea nuestra y de nadie más. Basta de sucumbir a los encantos ajenos a los nuestros. Y aunque parezca una exaltación del patriotismo – no voy a decir absolutamente nada para excusarme-, como en España, en pocos sitios.  Hoy me voy a dar el lujo de creer que también soy europea.