lunes, 16 de julio de 2012

Perder contra un gabacho es mucho perder


“Una dentro de una 
Dentro de una 
Dentro de dentro de dentro de 
Una dentro de una 
Dentro de”



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 Esta noche me han preguntado qué pienso sobre la vida.
 
  La vida, qué grande queda cuando lo declamas. Se te abarrota la boca de abruptas dudas, de finos recuerdos y de sinuosos sueños que deseas cumplir, hasta que, finalmente, no puedes con tanta abstracción, que te atragantas y toses hasta llorar. Como cuando cocinas con cebollas, aunque esta vez no sólo te pican los ojos, sino que también te tiemblan las piernas. 

  A esa cuestión- de dimensiones del Crysler Building- no he sabido dar respuesta, pero me han dado una alternativa: la vida es una matrioska. Así de fácil. Con un símil de una sola palabra.
 
  Pero ¿cómo se te ocurre preguntar por la vida? El calor menguante de la noche estival es siempre inspirador porque con él los cuerpos salen a pasear sin sentir que se diluyen, las plazas se llenan de acordeones, el jazmín despereza su aroma, los edificios se visten de luces y la gente, de gala. Son las noches estivales las que infunden los afectos, la seducción y las ideas, pero éstas son siempre más vehementes si las acompañas con algo de cerveza. Verdad irrefutable.

 Así que, sentados por la noche en una terraza de la encantadora plaza Santa Ana y con nuestra tercera jarra ya en la mano, a mi compañero de mesa le dio por el lirismo y se le ocurrió preguntar. Fue simple, directo e inciso. ¿Qué es para ti la vida? Emmanuel, un francés que siente admiración por cómo los españoles le añadimos el –ito a todas las palabras, me dejó pensar un rato- sin éxito- hasta darme su propia respuesta. “La vida es como una muñeca rusa. Abres y abres caminos y siempre vas encontrándote con nuevos senderos, que sustituyen tus viejas vivencias; como la pequeña muñeca rusa que encuentras en el interior hueco de la grande.”
De eso trata la matrioska: echa de madera, está vacía por dentro y cuando la abres por la mitad, descubres que guarda otra. A su vez, ésta alberga en su interior una nueva muñeca y así sucesivamente hasta que llegas al fin a la muñeca inquebrantable.

Una de esas nunca falta en casa. Recuerdo horas y tardes jugando con ellas, abriéndolas por la mitad, esperando encontrar la siguiente vestida de otra manera, con otro color de ojos y otro color de cinta de pelo. Cuando te cansabas de una, la resquebrajabas para ir a la siguiente, hasta que, sin darte cuenta… ¡sorpresa! Habías ido puliendo la matrioska hasta llegar a su final. Pero lo seductor de ella es que nunca sabes cuántas puede guarecer, y es igualmente emocionante ir abriéndola lentamente, con cuidado; expectante y recelosa por hallar la muñeca que no contiene nada en su interior. El fin.

Así me han explicado la vida, con una teoría de abrir y cerrar etapas, de sorpresas mundanas, de perecederos acontecimientos. Un certificado de vivencia experimental, pero poco empírico. Impredecible y agonizante. Una muñeca rusa. Bueno para aquellos que se dejan llevar por las emociones, mejor para aquellos a quienes la incertidumbre nos mata.

¿Alentador? Sí, pero igualmente cursi. Sin embargo, veréis… esta es una visión desde los ojos de un joven francés trotamundos, y si algo me ha confirmado otra mucha gente, es que la vida se ve de distinta manera a medida que vas cumpliendo años. Jaime Gil de Biedma, poeta barcelonés, nos brindó con una desesperanzadora contemplación:

“Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.”

Versos extraídos de su poema “No volveré a ser joven”, donde el desaliento del ánimo está latente. Quizás realista, pero nada confortante.

Nosotros, los jóvenes, hablamos muchas veces de cómo nos vamos a devorar el mundo, en bocados grandes, en uno sólo si cabe. Inspiramos fuertemente en las calles y no notamos ese aroma a frito que desprenden las ventilaciones de los restaurantes. Parece que se camufla  en las ilusiones que tenemos y que no desvanecen nunca. Y así pasa el tiempo, cuestionándotelo todo y creyendo que tienes razón universal. Te emborrachas de la vida y te alimentas de fascinación. Pasamos las noches pintándonos los labios rojos y subiéndonos a los tacones más altos del mundo, porque queremos. Queremos y podemos. Nos fumamos todo el aire del ambiente, hasta la niebla y le hacemos el amor al paso de los días. Cabalgamos sobre los lomos de la vida, porque – y aunque muchas veces no lo queramos admitir- la adoramos y nos creemos capaces de cambiar el mundo sin que haya nadie que pueda quitarnos el apetito de los años.
Dicen que todo esto a los 20 es inspirador, que a los 30, es ridículo y que, finalmente, se acaba perdiendo.

“(…) ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.”

Pero si la vida es una matrioska, como me dijeron anoche, hay que aprovechar y dejarnos sorprender sin preocuparnos de cuándo vamos a dar con la última muñeca o si damos con sobresaltos que no nos gustan demasiado. Los fracasos se acumulan, cierto, pero los éxitos también. Y hay veces, antes del final, que puedes dar con una muñeca cautivadora.

Abramos, pues, nuestra matrioska. Encontrémonos con nuestras propias vivencias y descubramos emociones. Todo a la velocidad que creamos conveniente, pero siempre con cuidado de no agotar extremadamente rápido el cupo de muñecas. Si me permitís, seguiré abriendo mi matrioska con vosotros, porque –y esta vez lo digo yo- la vida sin contarla es como si no hubiera pasado.


(Una vez, en un abrir y abrir de estas muñecas rusas, me topé con un rico gay que se lamentaba de tener un tamaño de pene descomunal. Lo bautizamos como “El rico de anoche”)   



3 comentarios:

Unknown dijo...

Me ha encantado leerte... ¡y que me mencionaras! ;-) GRACIAS. SIGUE ABRIENDO, SIGUE... Yo te sigo a partir de ahora...

Unknown dijo...

(puedes descargarte la canción de Muñeca Rusa en mp3 gratis y legal en http://aragontambientienesed.blogspot.com.es/2012/05/miss-tragedia-ep-desde-el-no-mundo-2009.html, si quieres) <3 Bonne nuit!

Laura dijo...

Encantada de que te hayas pasado por aquí, Patricia. Me topé fortuitamente con tu canción y me encantó.

UN BESO :)