domingo, 4 de marzo de 2012

"Lo que no tenía nombre"



A Sylvia de Béjar la conozco desde que fui por primera vez al ginecólogo. Era una niña muy preguntona y con muchas dudas acerca de sexualidad. A mi decimocuarta pregunta, el médico no tuvo más remedio que recomendarme leer “Tu sexo es tuyo”. Probablemente lo hizo para quitarme de en medio por pesada, no le culpo. Me apuntó en un post-it el nombre del libro y la autora y me mandó para casita.



Salí de la consulta mientras lo guardaba en el bolsillo y, al llegar a casa, lo colgué en mi tablón de corchos para no olvidarme de que algún día debía hacerme con el libro.

Tengo que admitir que pasó tiempo – incluso ya llevaba un año instalada en la capital- hasta que lo compré. Pero nunca me deshice el post-it, incluso cuando me fui a Madrid a estudiar, lo arranqué del tablón y lo trasladé a la ciudad en una cajita blanca, concienciada de que algún día debía leerlo.

Me topé con el libro de casualidad en el Relay del aeropuerto Barajas de Madrid y no dudé ni un solo segundo para comprármelo.
Para mi sorpresa no era ningún manual para quinceañeras inexpertas. Se trataba de un libro sin tabúes, sin tapujos, desmitificador de leyendas sexuales absurdas y, sobre todo, un libro para concienciarnos a nosotras mismas de que estamos a la misma altura sexual que el hombre.

Un libro que engorda mi mazo justiciero y mi decepción con algunas mujeres cuando se comportan como unas machistas degenerativas que, por muy brusca que os haya parecido, existen y muchas. Con prejuicios, con cánones y esteriotipadas.

Si hay algo que debo aclarar antes de comenzar a meterme en terreno pedregoso, es que, como dijo en su día la actriz Carlotta Cosials cuando tuvimos la oportunidad de entrevistarla en El Megáfono, no me siento en absoluto infravalorada por mi condición de mujer, ni siento que mi sexo femenino me obstaculice en la vida. Como todos, las dificultades eran parte del contrato que tuve que firmar al nacer y no cuando descubrieron que tenía vagina.


Lo que quería hacer con esta entrada era transcribiros el principio del capítulo tercero del libro. Copio y pego:


            III

Lo que no tenía nombre

Descubrir lo que tenemos <>
(…)


Elsa me enseñó esta fotografía :)

No sé lo que opinarán los hombres, pero a mi modo de ver ellos lo tienen más fácil. Desde el principio, su pene está ahí, a la vista. Aunque sólo sea por necesidades fisiológicas, lo tocan varias veces al día y se familiarizan con él. No tardan de darse cuenta de su importancia ¡so hasta los mayores se lo admiran! “Mira qué bien dotado está el chaval. ¡Éste hará feliz a más de una!” Pero dimo, ¿alguna vez has oído exclamar: “¡Qué vulva más hermosa tiene mi niña!”? No es que lo eche en falta, lo que pretendo es subrayas la diferencia de trato entre el macho y la nena.
Dicho de otro modo, ellos, los hombres, crecen con su miembro en la mano, y con la aquiescencia de sus felices papás que aprueban que su hijo tenga una vida sexual. Son los mismos progenitores que de tener una niña suelen ocultarle- u omitir, lo que es igual de grave-, que ella también tiene un sexo del que enorgullecerse y disfrutar…  no vaya a ser que aprenda a utilizarlo y se la tire un desalmado y/o se quede embarazada. (Que no se te escape el detalle: ni siquiera consideran la posibilidad de que sea ella la que quiera tirárselo a él. Ha de ser una buena chica.)

(…)

¿Por qué estarán nuestros genitales tan escondidos? ¿Por qué nos los esconden? Nuestra sexualidad es un misterio, lo desconocido, el continente negro, que diría Freud, y nuestros genitales, peor todavía: una raja, una almeja, un conejo, el felpudo, el chumino, el chocho, el Chichi…  ¡No lo soporto! Me duele hasta escribirlo. (…) Entre nuestras hermosas piernas se esconde algo malsonante, y lo habitual es que lo más educativo que sepamos sobre ahí abajo esté relacionado con la asignatura de ciencias naturales, o sea, un simple tema de reproducción humana. (…) Pero, ¿y de los genitales desde el punto de vista secxual? Poco, muy poco o nada de nada salvo el consabido “Usa preservativos, no vayas a quedarte embarazada o te contagien algo”

Vamos que… o te preñan o te matan.

Lo que no tiene nombre sí que lo tiene y que ahí abajo las chicas tenemos otras partes y otras funciones mucho más interesantes.

¡Calla niña, no seas guarra!


Es verdad que muchas veces, ya desde el principio, son los padres quienes hacen las distinciones. Hasta el punto de tener una amiga que comentó una vez que a su padre le daba vergüenza ajena imaginarse a su hija practicando sexo. Vamos,que prefería vivir en la ignorancia antes de saber que su querida niñita ya era mayor para follar o hacer el amor - elegid término vosotros-. Pero lo peor de todo no es eso, si no que muchas mujeres se conforman con ese papel y ese tabú tan innecesario. 


¿Qué pensáis del texto? ¿Acertado, desmesurado, erróneo? Compartid vuestras impresiones y tildarme de feminista. Ah, no, eso solamente lo hace Edu


pd: Cuando muchas veces digo que hay que mimar a tu vagina y tenerla contenta no voy de farol. Dale chuches de vez en cuando. 
pd2: Victor, por mucho que digas, las vaginas son preciosas.


3 comentarios:

Eduardo Yuguero dijo...

Te juzgo por tu condición de imbécil, no por tu condición de muhé!

Lo juro.

Un beso grande corazón.

Laura dijo...

Yo también te quiero, darling ¬¬

Sylvia de Béjar dijo...

Laura, mil gracias...
Ser preguntona tiene esas cosas... Hay un dicho inglés que dice que la curiosidad mato el gato... Pues qué quieres que te diga, yo creo que si no eres curioso estás muerto en vida.
O sea que sigue así.
Un beso y sigue mimando a tu vagina!