sábado, 4 de febrero de 2012

De mayor quiero ser periodista


Decepcionada no es la palabra. En primer lugar porque es un adjetivo muy feo, y en segundo lugar, porque quiero ligarla al periodismo. Como comprenderéis, no puedo permitirme tal imagen: ¿decepcionada Laura con el periodismo? Ni hablar. De ninguna de las maneras. 

 Si algo tengo claro, es que es la mejor carrera y la mejor profesión del mundo. Pero también hay que ser realistas, en la medida de lo posible, claro. Veamos… ¿qué narices estamos haciendo? Y lo pregunto con todo el apego del mundo. 

Las nuevas generaciones, no están hechas para el periodismo que yo buscaba. Es más, ¿están hechas para algún tipo de periodismo? No es que sea alarmista, pero desde luego hay unos puntos de los que se flojea en la información actual.


Punto nº1: somos unas malditas sanguijuelas. 

Mira que siempre he sido de las que defiende la competividad y rivalidad porque a más de uno les hace crear metas e inquietudes. La pugna por el mejor trabajo realizado significa, a su vez, que hay más de un trabajo bueno, y eso es perfecto. ¿Calidad periodística? Bienvenida sea. Pero siempre la he defendido si es una porfía sana. Lo que me encuentro en la facultad, (y en alguna que otra rueda de prensa en la que me cuelo) es una enemistad deleznable. ¿Ayudarte yo a ti? Por supuesto, ven aquí que cuando pueda te voy a reducir a polvo. Nos pisamos unos a los otros, y ya no sólo no ayudamos al de al lado, sino que, en caso de tener oportunidad de machacarlo y hostigarlo, lo hacemos.

Punto nº2: hemos perdido el espíritu temerario.  

Y eso es una de las peores cosas que podría pasar. ¿Dónde queda la osadía, el atrevimiento, esa inquietud y conmoción de encontrar la verdad cueste lo que cueste? Nos hemos estancado en un pragmatismo malsano y absurdo, en el que el periodista es un sedentario innato que se dedica a consumir boletines de prensa mandados por las grandes agencias de información para reescribir después su noticia. Ya no se sale a la calle a buscar, ya no percibimos la aventura, la hazaña periodística. Y no es que quiera ponernos como héroes, pero, nuestro trabajo debería consistir en ir más allá de reelaborar los comunicados de prensa.



Punto nº3: Soy la marioneta de los políticos. 

La gente reivindica un periodismo de calidad, exige un periodismo real, sin falacias, sin verdades a medias – que para el caso es lo mismo- contando los hechos objetivamente. Esto no significa que nos tengamos que quedar con las manos cruzadas esperando a “relatar” la actualidad con citas entrecomilladas del político de turno y… ¡hala! Ya tenemos titular y noticia.

Fulanito de tal ha dicho que bla bla bla. Menganita de Pascuala ha contradicho bla bla bla. Pepito de los palotes afirma. Tu prima la del pueblo niega.  Está genial saber la opinión de las figuras públicas más importantes, pero, ¿dónde está el suceso?


Si el acontecimiento del día es que Rajoy ha declarado que Zapatero no tiene ni puta idea de política fiscal, menuda novedad. A eso se le llama “periodismo de declaraciones”, donde únicamente nos dedicamos a recoger frases textuales de quien nos ha mandado acudir a su rueda de prensa. Frases que ellos mismos se preparan y guionizan antes del encuentro. Y siéntete afortunado si después de su soliloquio puedes hacerle alguna pregunta, porque si no eres de TVE o de Tele5, olvídate por completo de tu cuestionario preparado. Tres preguntas –predecibles, por supuesto y que no puedan desatar escándalo- y pa’ casita a redactar la noticia, que se basa en lo que ha dicho el tipo. Corderitos, vamos.

Me parece horrible que nos conformemos con ese tipo de información, que ni si quiera es eso, es pura promoción del personaje que protagoniza la rueda de prensa.


Punto número 4: Celebraciones anuales. 

Igual de abominable me parece ver en los telediarios cómo presentan las mismas noticias todos los años. Todos los veranos son el verano más caluroso del año; las rebajas encabezan una semana de noticias, lreportajes sobre las procesiones de Andalucía en Seamana Santa… por no hablar de los Reyes Magos en Enero: “Quedan menos de cinco días para que los Reyes nos traigan los regalos” “Quedan menos de 76 horas para que los Reyes nos traigan los regalos “Quedan menos de 48 horas para que los Reyes bla” Los Reyes se tiran una semana llegando con los regalos, porque, ¿para qué vamos a contar que Pakiswistán está en guerra? Que ya nos hemos enterado que todos los 25 de diciembre son Navidad, o que el 14 de febrero es San Valentín. Contadme algo que me interese, gracias.

Supongo que me tocará comenzar siendo la reportera de las cabalgatas de los Reyes o la que va a probar los cocidos de las abuelitas para esos reportajes insulsos. Pero tendrá que haber de todo en la viña del señor.
Desde luego que no es siempre negativo. Igual que hablo de estos descréditos de mi profesión, también hay otros que halagar. Pero hora no los recuerdo.

Ilusa de mí, que habiéndome desengañado, aún confío en ser corresponsal de "algo" algún día.

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