domingo, 19 de febrero de 2012

De cómo acabo subiéndome por el periodismo


El periodismo no es un oficio. El periodismo no es una obligación. Si vives esperando a que te den vacaciones, si vives pensando "ojalá libre el fin de semana que viene", si le pones condiciones del tipo: "yo soy periodista a media jornada" es que no eres, ni por asomo, periodista. Es así. Y lo digo con la rotundidad más clara que puedo. 
El periodismo está ligado a tu forma de ver el mundo, a tu forma de pensar, de vivir la vida. ¡Qué tópico! Decir que el periodismo es una forma de vida es igual de cursi que un amor imposible, pero, por muy poco que me gusten las cursilerías, es una realidad francamente innegable.

Me fascina mi profesión, y al igual que he hablado de lo fantástico y pasmoso que es el periodismo, he enumerado también las muchas cosas que detesto de él. Defectos que ha ido adquiriendo con el paso de los años y la modernización tecnológica. Periodistas pasivos, -ojo, no todos- vagos y conformes. El último adjetivo es el peor de todos. ¡Conformes! ¿Desde cuándo se viene practicando tal barbaridad? 

Vengo contando esto, porque acabo de leer una entrevista en El País. Pura Ramos tiene 80 años y es periodista. ¿Jubilada? No. Su oficio es algo de lo que no se puede desligar; es su forma de vivir. En la entrevista dice que hemos perdido el instinto, que somos más vagos con Internet, porque nos lo dan todo hecho. Noticias ya masticaditas y redactadas que nos envían los entes suministradores de información (agencias periodísticas o gabinetes de prensa). El periodismo llegará a convertirse en un fraude si nos basamos únicamente en ese tipo de fuentes.


Y como estamos hablando del periodista de hoy en día, tenemos por otro lado, con la llegada del mundo digital, al periodista multiusos, al human-orquesta. El periodista que se encarga de las fotos, audios, vídeos, textos, diseños, etc. Algo que creo acertado, pero que, sin embargo, se está llevando de manera errónea.
Critico demasiado la prensa digital, lo sé, pero, y aunque no sé mucho de las condiciones, me da la sensación de que el periodista está sobreexplotado en ese nuevo soporte, tanto, que la calidad de la noticia-crónica-entrevista-lo-que-sea va en decadencia. 
Pero es entendible: prensa gratuita. 
La calidad tiene un precio, ¿no? A todos nos gusta que se nos pague bien el buen trabajo; y yo, como periodista que soy --seré-- puedo entender esa frustración. Quizás me equivoque con este asunto, (aquí no me atrevo a ser tan contundente) pero, insisto: me gusta poco el periodismo digital. 

Y así es como termino hablando- como vengo haciendo últimamente- del ciberperiodismo. Pero bueno, ese es un asunto que trae más cuestiones. Nos os libráis: tengo pendiente otra entrada explicándome mejor.

Que paséis buen domingo y me perdonéis mis largos soliloquios sobre el periodismo.

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