sábado, 1 de septiembre de 2012

CUBA 2012

"Camarón que se duerme, se lo come los turistas". Ni langosta, ni carne res.
Porque los cubanos tienen la vida restringida, pero cantan rumba y bailan son. Así es, Chan Chan vive jodido, pero contento. Después de su plato de arroz con frijoles, se va al porche a sentarse en la mecedora y a fumar tabaco. El cigarro cuesta menos de cuatro centavos. Se lo fuma anhelando el verdadero Cohiba. Enciende la televisión y escucha algo de los Van Van, pero su hija sólo quiere reguetón. Playa-playa, piscina-piscina. Y no te bañes en el malecón, ¡ay! Que en el agua hay un tiburón. Más tarde ambos se embullen en la quimera de salir del país para ver las pirámides de Egipto. Chan Chan estudió medicina. “Qué bruto” le dice la gente, “qué bruto”. ¿Quién estudiaría medicina allí? Se gana más vendiendo helados que sanando gente. Cuando hablan, lo hacen en susurros, porque entre las cañas de azúcar se esconden pajusos que podrían delatarte después de su masturbación. Psst, psst. La niña se gira, y ahí está él, con sus manos, trabajando el campo. Un guajiro esencial, con su sombrero de pajilla.
Como dije, tienen oídos las paredes y ojos las cuentas de correo electrónico. Los noticieros sólo mentiras y censuras. Qué mal anda el resto del mundo, el capitalismo, creado por el diablo, lo ha invadido todo. Para evitar que nos colonicen, gravaremos el dólar al 10%. Todos ven el mismo canal, porque no necesitan más que uno. Con él, todos saben que Hugo Chávez es amigo y qué grande es Rubiales, porque explica el parte de meteorología de manera amena cuando se avecina un ciclón a la isla. Que no cunda el pánico: primero evacuamos a los turistas para que el gobierno no tenga deuda con nadie, después... ya se verá.
Porque Cuba tiene un catalejo. Con él, la luna se ve, Marte se ve. ¡Hasta Plutón se ve! Pero el meñique del pie… no se ve.  Y así lo dicen: Socialismo o muerte. 

¡Viva la Revolución!




LA HABANA








Reliquias setenteras 

Manisera de La Habana.



Chan Chanes en La Habana



 CIENFUEGOS

Cienfuegos es la ciudad que más me gusta a mi, cantaba Benny Moré.


Vendedor de Mamoncillos, cinco pesos cubanos el ramo.


Taxis cubanos





Todos con Norma, guerrillera en la Revolución.

EL NICHO




TRINIDAD

El Zoom-Zoom. Los trayectos largos que cuestan 50 dólares, te cuestan en este camión particular 48 centavos. Sólo pueden montar cubanos. Nosotros nos camuflamos.

Chan Chan en Trinidad




 VIÑALES

Zona de cultivo de tabaco. El estado se queda con el 90% de lo que trabaja el guajiro.







 AGUACATE

Chan Chan en Aguacate



Vistas desde la loma de la playa Jibacoa.

Ex-doctor cubano


jueves, 26 de julio de 2012

Sólo David Hockney sabe lo que es el verano

"El verano es siempre mejor de lo que podría ser"
Charles Bowden

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Dejemos claro una cosa: en verano nunca se pregunta, bajo ningún concepto, la hora que es. Te puedo contextualizar y decir, por ejemplo, que es tiempo de beber tónicas y de andar con los potorros al aire, o que podemos ir al cine descubierto a meternos mano por el módico precio de un euro; o pasear por el parque vestida de Dorothy Gale mientras te tomas un helado y fantaseas con la vida; pero nunca anunciar la hora que es, porque en verano la coyuntura es diferente y existen tiempos y no horas. Otro ejemplo: “¿Qué hora es?” “Es tiempo de ir a la playa y dejarnos derretir al sol”.  No necesitas reloj en verano, sólo agua, como la que pinta el británico pop David Hockney en sus famosas bañeras y piscinas. Ese tío sí sabía lo que era el verano.

En sus pinturas no pasan las horas, ni si quiera las estaciones. Inmortaliza los meses de julio y agosto y aprovecha para recordarnos que el verano eterno sí existe. Por eso creo que deberíamos recordarlo, porque el verano, además, es muy pop, como su arte. “El arte pop es popular y destinado a un público amplio, pasajero, efímero, fácil de consumir y de olvidar, barato, producido en serie, joven y querido por la juventud, espiritual, sexy, llamativo, simpático, un negocio redondo” y aunque esto no lo decía Hockney, sino otro popista de la talla – Richard Hamilton- es muy aplicable al verano.  

Caluroso, pero apetecible, el verano se ha dejado caer como todos los años con sus no-horas y con invitaciones a algún que otro chapuzón. “A bigger Splash” es lo que nosotros necesitamos. Esa pintura delate que Hockney parecía precisar también de una salida veraniega y darse un buen baño de cloro, así que, dejando ese Londres tan gris allá por 1964, decide instalarse en Los Ángeles y comenzar a pintar paraísos.

"A Bigger Splash"  David Hockney, 1963

Los Ángeles es una ciudad de estrellas, sin duda; llena de esos mitos de la vida diaria que se manifiestan en la cultura de consumo. Lujo, chatarra; famoseo, anonimato;  progreso, frustración. Felicidad, ilusión, depresión y suicidio. Para esto último: Liz Taylor y Marilyn Monroe. Pero no era aquello lo que a nuestro Hockney le llamaba la atención. El clima es soleado, la gente está menos tensa… Cuando llegué no sabía si había algún tipo de vida artística allí y esa era la menor de mis preocupaciones


"Peter getting out of Nick's pool" David Hockney, 1966

 Por el contrario, Andy Warhol, otro artista de la corriente pop,  representó muy bien esta sociedad icónica con obras como sus famosísimas “Veinticinco Marilyns”. “Divinidad, estrellato y en tercer lugar, ¿cuál es la siguiente categoría? ¿Qué viene después del estrellato? La caída”. A Andy Warhol le encantaría ser una máquina; Marilyn Monroe detestaba ser una cosa.

¿Y a David Hockney, qué le gustaría ser? Se trata de un pop fascinado por la filosofía de aquella Italia profunda- y no tan profunda- que Hollywood tomó como ejemplo, la "dolce far niente", o lo que es igual, "refinada holgazanería". Porque hemos hablado de un Los Ángeles de estrellas, pero nos hemos olvidado de sus villas y piscinas. Sobre todo las piscinas. Hockney se sintió abrumado por el sol, la luz y los colores de California. Una atmósfera azul y un clima que invitaba todos los días del año a ser verano. Agua limpia y clara para darse un baño bien fresquito; una paz al ritmo del blues, como el color de sus piscinas, que siguen siendo protagonistas en sus obras después de tanto tiempo.

David Hockney, 1982

Si Hockney ha podido mostrarnos la inmortalidad de la claridad y el goce veraniego, nosotros deberíamos dejarnos llevar por sus divisas. “Yo pinto lo que quiero, cuando quiero y como quiero” Eso es una doctrina muy estival y fácil de aplicar. Así que dejemos las horas a un lado, tomemos helado, seduzcamos al vecino desde nuestras ventanas, escuchemos los hits de la radio, ¡cortémonos el pelo! y, sobre todo,  disfrutemos del tiempo de hagoloquemedalagana, porque es verano y en verano todo es posible. Incliso el amor.

lunes, 16 de julio de 2012

Perder contra un gabacho es mucho perder


“Una dentro de una 
Dentro de una 
Dentro de dentro de dentro de 
Una dentro de una 
Dentro de”



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 Esta noche me han preguntado qué pienso sobre la vida.
 
  La vida, qué grande queda cuando lo declamas. Se te abarrota la boca de abruptas dudas, de finos recuerdos y de sinuosos sueños que deseas cumplir, hasta que, finalmente, no puedes con tanta abstracción, que te atragantas y toses hasta llorar. Como cuando cocinas con cebollas, aunque esta vez no sólo te pican los ojos, sino que también te tiemblan las piernas. 

  A esa cuestión- de dimensiones del Crysler Building- no he sabido dar respuesta, pero me han dado una alternativa: la vida es una matrioska. Así de fácil. Con un símil de una sola palabra.
 
  Pero ¿cómo se te ocurre preguntar por la vida? El calor menguante de la noche estival es siempre inspirador porque con él los cuerpos salen a pasear sin sentir que se diluyen, las plazas se llenan de acordeones, el jazmín despereza su aroma, los edificios se visten de luces y la gente, de gala. Son las noches estivales las que infunden los afectos, la seducción y las ideas, pero éstas son siempre más vehementes si las acompañas con algo de cerveza. Verdad irrefutable.

 Así que, sentados por la noche en una terraza de la encantadora plaza Santa Ana y con nuestra tercera jarra ya en la mano, a mi compañero de mesa le dio por el lirismo y se le ocurrió preguntar. Fue simple, directo e inciso. ¿Qué es para ti la vida? Emmanuel, un francés que siente admiración por cómo los españoles le añadimos el –ito a todas las palabras, me dejó pensar un rato- sin éxito- hasta darme su propia respuesta. “La vida es como una muñeca rusa. Abres y abres caminos y siempre vas encontrándote con nuevos senderos, que sustituyen tus viejas vivencias; como la pequeña muñeca rusa que encuentras en el interior hueco de la grande.”
De eso trata la matrioska: echa de madera, está vacía por dentro y cuando la abres por la mitad, descubres que guarda otra. A su vez, ésta alberga en su interior una nueva muñeca y así sucesivamente hasta que llegas al fin a la muñeca inquebrantable.

Una de esas nunca falta en casa. Recuerdo horas y tardes jugando con ellas, abriéndolas por la mitad, esperando encontrar la siguiente vestida de otra manera, con otro color de ojos y otro color de cinta de pelo. Cuando te cansabas de una, la resquebrajabas para ir a la siguiente, hasta que, sin darte cuenta… ¡sorpresa! Habías ido puliendo la matrioska hasta llegar a su final. Pero lo seductor de ella es que nunca sabes cuántas puede guarecer, y es igualmente emocionante ir abriéndola lentamente, con cuidado; expectante y recelosa por hallar la muñeca que no contiene nada en su interior. El fin.

Así me han explicado la vida, con una teoría de abrir y cerrar etapas, de sorpresas mundanas, de perecederos acontecimientos. Un certificado de vivencia experimental, pero poco empírico. Impredecible y agonizante. Una muñeca rusa. Bueno para aquellos que se dejan llevar por las emociones, mejor para aquellos a quienes la incertidumbre nos mata.

¿Alentador? Sí, pero igualmente cursi. Sin embargo, veréis… esta es una visión desde los ojos de un joven francés trotamundos, y si algo me ha confirmado otra mucha gente, es que la vida se ve de distinta manera a medida que vas cumpliendo años. Jaime Gil de Biedma, poeta barcelonés, nos brindó con una desesperanzadora contemplación:

“Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.”

Versos extraídos de su poema “No volveré a ser joven”, donde el desaliento del ánimo está latente. Quizás realista, pero nada confortante.

Nosotros, los jóvenes, hablamos muchas veces de cómo nos vamos a devorar el mundo, en bocados grandes, en uno sólo si cabe. Inspiramos fuertemente en las calles y no notamos ese aroma a frito que desprenden las ventilaciones de los restaurantes. Parece que se camufla  en las ilusiones que tenemos y que no desvanecen nunca. Y así pasa el tiempo, cuestionándotelo todo y creyendo que tienes razón universal. Te emborrachas de la vida y te alimentas de fascinación. Pasamos las noches pintándonos los labios rojos y subiéndonos a los tacones más altos del mundo, porque queremos. Queremos y podemos. Nos fumamos todo el aire del ambiente, hasta la niebla y le hacemos el amor al paso de los días. Cabalgamos sobre los lomos de la vida, porque – y aunque muchas veces no lo queramos admitir- la adoramos y nos creemos capaces de cambiar el mundo sin que haya nadie que pueda quitarnos el apetito de los años.
Dicen que todo esto a los 20 es inspirador, que a los 30, es ridículo y que, finalmente, se acaba perdiendo.

“(…) ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.”

Pero si la vida es una matrioska, como me dijeron anoche, hay que aprovechar y dejarnos sorprender sin preocuparnos de cuándo vamos a dar con la última muñeca o si damos con sobresaltos que no nos gustan demasiado. Los fracasos se acumulan, cierto, pero los éxitos también. Y hay veces, antes del final, que puedes dar con una muñeca cautivadora.

Abramos, pues, nuestra matrioska. Encontrémonos con nuestras propias vivencias y descubramos emociones. Todo a la velocidad que creamos conveniente, pero siempre con cuidado de no agotar extremadamente rápido el cupo de muñecas. Si me permitís, seguiré abriendo mi matrioska con vosotros, porque –y esta vez lo digo yo- la vida sin contarla es como si no hubiera pasado.


(Una vez, en un abrir y abrir de estas muñecas rusas, me topé con un rico gay que se lamentaba de tener un tamaño de pene descomunal. Lo bautizamos como “El rico de anoche”)   



miércoles, 14 de marzo de 2012

¿La televisión no respeta nada?




El cantautor francés Manu Chao hace unas declaraciones durísimas contra  los medios de comunicación: “La televisión no respeta nada”. Lo dice en en uno de los siete capítulos de la serie documental de TVE "Voces contra la globalización" que, si todavía no la habéis visto este es el momento que me toca recomendároslo o recordároslo. 

A raíz de esa frase, Manu Chao explica que de esta manera, las nuevas generaciones, niños y jóvenes, se están alimentando de irrespetuosidad y falta de educación; que están creciendo con valores éticos infames y degradados, los mismos valores que le muestra la televisión.

El problema de los medios de comunicación de masas, y en especial en la tele, llega cuando todo se basa y se destina a crear beneficios. Entiendo que igual que otras muchas compañías, la empresa televisiva deba alcanzar unos determinados números y cifras de audiencia, es decir, que se consuma su programación para que no se vaya al traste. Es por eso que hay poquísimos contenidos culturales y educativos: porque a penas se consumen. La gente prefiere programas de entretenimiento como -y poniendo unos cuantos ejemplos obscenos- Gran Hermano, Sálvame, La Noria y demás aberraciones televisivas. 

Todo radica cuando el jefe de turno pronuncia la frase más peligrosa en los medios de comunicación de masa: “lo que el público quiere… ” A este tipo de empresarios o jefes, Maruja Torres, una de las grandes del periodismo español, los llama “Doble A”: ágrafos y amorales.*




Los medios de comunicación existen primero para informar (ahí es donde entra el periodismo) y luego, si cabe, para entretener. Pero los medios de comunicación masiva tienen un problema de orden de prioridades, o peor, de conceptos: ¿se llega incluso a tender al periodismo de entretenimiento para no perder audiencia? Maruja Torres nos pone un ejemplo de espíritu Doble A en el periodismo: la muerte de Diana Spencer, más conocida como Lady di. Maruja Afirma que muchísimos medios de comunicación serios se sumaron a las “especulaciones y falsedades que inflaron el globo de la histeria colectiva y se aprovecharon de ello para aumentar su difusión”

Y como este, muchísimos otros. Sin embargo en el periodismo no cabe la ocurrencia de “lo que el público quiere”. Éste existe para contarle a la gente lo que acontece en el mundo, les guste o no. 
Puede que Manu Chao haya sido tremendista con sus declaraciones, pero es cierto que muchos se olvidan que la televisión es un medio de comunicación de la que se alimentarán muchísimas personas y a penas hay contenidos culturales y educativos, y muchísimos programas tienden al entretenimiento malsano de la sociedad.




* Si quieres saber más de ese término DOBLE A acuñado por Maruja Torres, deberías leer su libro "Mujer en guerra. Más másters da la vida"

domingo, 4 de marzo de 2012

"Lo que no tenía nombre"



A Sylvia de Béjar la conozco desde que fui por primera vez al ginecólogo. Era una niña muy preguntona y con muchas dudas acerca de sexualidad. A mi decimocuarta pregunta, el médico no tuvo más remedio que recomendarme leer “Tu sexo es tuyo”. Probablemente lo hizo para quitarme de en medio por pesada, no le culpo. Me apuntó en un post-it el nombre del libro y la autora y me mandó para casita.



Salí de la consulta mientras lo guardaba en el bolsillo y, al llegar a casa, lo colgué en mi tablón de corchos para no olvidarme de que algún día debía hacerme con el libro.

Tengo que admitir que pasó tiempo – incluso ya llevaba un año instalada en la capital- hasta que lo compré. Pero nunca me deshice el post-it, incluso cuando me fui a Madrid a estudiar, lo arranqué del tablón y lo trasladé a la ciudad en una cajita blanca, concienciada de que algún día debía leerlo.

Me topé con el libro de casualidad en el Relay del aeropuerto Barajas de Madrid y no dudé ni un solo segundo para comprármelo.
Para mi sorpresa no era ningún manual para quinceañeras inexpertas. Se trataba de un libro sin tabúes, sin tapujos, desmitificador de leyendas sexuales absurdas y, sobre todo, un libro para concienciarnos a nosotras mismas de que estamos a la misma altura sexual que el hombre.

Un libro que engorda mi mazo justiciero y mi decepción con algunas mujeres cuando se comportan como unas machistas degenerativas que, por muy brusca que os haya parecido, existen y muchas. Con prejuicios, con cánones y esteriotipadas.

Si hay algo que debo aclarar antes de comenzar a meterme en terreno pedregoso, es que, como dijo en su día la actriz Carlotta Cosials cuando tuvimos la oportunidad de entrevistarla en El Megáfono, no me siento en absoluto infravalorada por mi condición de mujer, ni siento que mi sexo femenino me obstaculice en la vida. Como todos, las dificultades eran parte del contrato que tuve que firmar al nacer y no cuando descubrieron que tenía vagina.


Lo que quería hacer con esta entrada era transcribiros el principio del capítulo tercero del libro. Copio y pego:


            III

Lo que no tenía nombre

Descubrir lo que tenemos <>
(…)


Elsa me enseñó esta fotografía :)

No sé lo que opinarán los hombres, pero a mi modo de ver ellos lo tienen más fácil. Desde el principio, su pene está ahí, a la vista. Aunque sólo sea por necesidades fisiológicas, lo tocan varias veces al día y se familiarizan con él. No tardan de darse cuenta de su importancia ¡so hasta los mayores se lo admiran! “Mira qué bien dotado está el chaval. ¡Éste hará feliz a más de una!” Pero dimo, ¿alguna vez has oído exclamar: “¡Qué vulva más hermosa tiene mi niña!”? No es que lo eche en falta, lo que pretendo es subrayas la diferencia de trato entre el macho y la nena.
Dicho de otro modo, ellos, los hombres, crecen con su miembro en la mano, y con la aquiescencia de sus felices papás que aprueban que su hijo tenga una vida sexual. Son los mismos progenitores que de tener una niña suelen ocultarle- u omitir, lo que es igual de grave-, que ella también tiene un sexo del que enorgullecerse y disfrutar…  no vaya a ser que aprenda a utilizarlo y se la tire un desalmado y/o se quede embarazada. (Que no se te escape el detalle: ni siquiera consideran la posibilidad de que sea ella la que quiera tirárselo a él. Ha de ser una buena chica.)

(…)

¿Por qué estarán nuestros genitales tan escondidos? ¿Por qué nos los esconden? Nuestra sexualidad es un misterio, lo desconocido, el continente negro, que diría Freud, y nuestros genitales, peor todavía: una raja, una almeja, un conejo, el felpudo, el chumino, el chocho, el Chichi…  ¡No lo soporto! Me duele hasta escribirlo. (…) Entre nuestras hermosas piernas se esconde algo malsonante, y lo habitual es que lo más educativo que sepamos sobre ahí abajo esté relacionado con la asignatura de ciencias naturales, o sea, un simple tema de reproducción humana. (…) Pero, ¿y de los genitales desde el punto de vista secxual? Poco, muy poco o nada de nada salvo el consabido “Usa preservativos, no vayas a quedarte embarazada o te contagien algo”

Vamos que… o te preñan o te matan.

Lo que no tiene nombre sí que lo tiene y que ahí abajo las chicas tenemos otras partes y otras funciones mucho más interesantes.

¡Calla niña, no seas guarra!


Es verdad que muchas veces, ya desde el principio, son los padres quienes hacen las distinciones. Hasta el punto de tener una amiga que comentó una vez que a su padre le daba vergüenza ajena imaginarse a su hija practicando sexo. Vamos,que prefería vivir en la ignorancia antes de saber que su querida niñita ya era mayor para follar o hacer el amor - elegid término vosotros-. Pero lo peor de todo no es eso, si no que muchas mujeres se conforman con ese papel y ese tabú tan innecesario. 


¿Qué pensáis del texto? ¿Acertado, desmesurado, erróneo? Compartid vuestras impresiones y tildarme de feminista. Ah, no, eso solamente lo hace Edu


pd: Cuando muchas veces digo que hay que mimar a tu vagina y tenerla contenta no voy de farol. Dale chuches de vez en cuando. 
pd2: Victor, por mucho que digas, las vaginas son preciosas.


domingo, 19 de febrero de 2012

De cómo acabo subiéndome por el periodismo


El periodismo no es un oficio. El periodismo no es una obligación. Si vives esperando a que te den vacaciones, si vives pensando "ojalá libre el fin de semana que viene", si le pones condiciones del tipo: "yo soy periodista a media jornada" es que no eres, ni por asomo, periodista. Es así. Y lo digo con la rotundidad más clara que puedo. 
El periodismo está ligado a tu forma de ver el mundo, a tu forma de pensar, de vivir la vida. ¡Qué tópico! Decir que el periodismo es una forma de vida es igual de cursi que un amor imposible, pero, por muy poco que me gusten las cursilerías, es una realidad francamente innegable.

Me fascina mi profesión, y al igual que he hablado de lo fantástico y pasmoso que es el periodismo, he enumerado también las muchas cosas que detesto de él. Defectos que ha ido adquiriendo con el paso de los años y la modernización tecnológica. Periodistas pasivos, -ojo, no todos- vagos y conformes. El último adjetivo es el peor de todos. ¡Conformes! ¿Desde cuándo se viene practicando tal barbaridad? 

Vengo contando esto, porque acabo de leer una entrevista en El País. Pura Ramos tiene 80 años y es periodista. ¿Jubilada? No. Su oficio es algo de lo que no se puede desligar; es su forma de vivir. En la entrevista dice que hemos perdido el instinto, que somos más vagos con Internet, porque nos lo dan todo hecho. Noticias ya masticaditas y redactadas que nos envían los entes suministradores de información (agencias periodísticas o gabinetes de prensa). El periodismo llegará a convertirse en un fraude si nos basamos únicamente en ese tipo de fuentes.


Y como estamos hablando del periodista de hoy en día, tenemos por otro lado, con la llegada del mundo digital, al periodista multiusos, al human-orquesta. El periodista que se encarga de las fotos, audios, vídeos, textos, diseños, etc. Algo que creo acertado, pero que, sin embargo, se está llevando de manera errónea.
Critico demasiado la prensa digital, lo sé, pero, y aunque no sé mucho de las condiciones, me da la sensación de que el periodista está sobreexplotado en ese nuevo soporte, tanto, que la calidad de la noticia-crónica-entrevista-lo-que-sea va en decadencia. 
Pero es entendible: prensa gratuita. 
La calidad tiene un precio, ¿no? A todos nos gusta que se nos pague bien el buen trabajo; y yo, como periodista que soy --seré-- puedo entender esa frustración. Quizás me equivoque con este asunto, (aquí no me atrevo a ser tan contundente) pero, insisto: me gusta poco el periodismo digital. 

Y así es como termino hablando- como vengo haciendo últimamente- del ciberperiodismo. Pero bueno, ese es un asunto que trae más cuestiones. Nos os libráis: tengo pendiente otra entrada explicándome mejor.

Que paséis buen domingo y me perdonéis mis largos soliloquios sobre el periodismo.

martes, 14 de febrero de 2012

No sé que día es hoy

Y estamos a 14 de febrero un año más. San Valentín no apunta alto este año, -¿o sí?- la crisis supongo que afecta hasta al amor.

Muchos ya sabéis qué es lo que pienso sobre esta fiesta -absurda- de demostrar lo tanto que queremos a otra persona -a esa persona- a base de comprar chuminadas horteras y cursis en cualquier tienda que decore su escaparate con corazoncitos y eslóganes románticos. Bueno, lo de románticos es discutible.


Ni mucho más lejos que otros años, encuentro un disparate esta celebración. Primero, porque se ha convertido en una "obligación" anual para lxs enamoradxs, aunque sea comprar un "simple detallito" -las rosas no entran en los detallitos, que están muy caras-. Segundo, porque incentiva ese amor cutre que tanto odio, el que nos deja a la altura de los neandertales, creyendo que la vida se nos va con esa persona que tanto amamos. Tonterías.

Recuerdo que en mi cuarto año de la Enseñanza Obligatoria Secundaria, para hacerle sombra a las niñas-cupido que iban de clase en clase repartiendo el encargo de rosas a quienes correspondía, me dediqué a escribir panfletos con mi amiga Belén. Ponía algo así como "San Valentín = San Corte Inglés", y el 14 de febrero se lo repartimos a todo ser viviente que veíamos por el instituto. Y no es que nos sintiéramos unas rechazadas o incomprendidas sociales, nuestras rosas recibíamos también. 

En el panfleto anti-SanValentín informábamos de la cantidad de dinero que se gastaba (era una burrada de cifra) y proponíamos reinvertirlo en asuntos más importantes como acciones sociales en África y estas cosas de quinceañeras solidarias. Nuestra profesora de lengua colgó uno de los folletos en el tablón de anuncios, aunque no estaba para nada de acuerdo con nosotras. Nos decía que los detalles en el amor eran importantes, que avivaba la relación. Nosotras cabezonas, decíamos que no, que el amor se tenía que demostrar sin collares, pendientes o rosas.

Es cierto que ya no pienso lo mismo. Demasiada radicalidad a esa edad, supongo. Los detalles son bonitos y, por qué no decirlo, a veces se agradecen. Sin embargo, no comparto tener una fecha fijada para hacerlo. San Valentín no tiene esencia romántica, porque es un día comercializado. ¿Por qué no me regalas una cena un día cualquiera, por que sí, porque te ha apetecido? Es más, ¿por qué en vez de salir por ahí, no me la preparas tú?  

Por Dios, - lo digo demasiado siendo atea-, ¡que el disco recopilatorio de canciones de amor que sacan todos los años es horrible! Encima incluyen canciones de Melendi y Andy y Lucas. ¿Romántico eso? Inconcebible. Arrabalero y soez hasta más no poder. Incluso me da vergüenza ajena cuando escucho los anuncios por la radio.


audio: [ fade in canción cutre pop español romántica] 
Loc1: ¿Todavía no sabes qué regalar para San Valentín? ¡No lo pienses más! Compra nuestro zafio-CD y se el paleto del año. Esa persona quedará prendida bajo tus encantos. Recuerda: zafio-CD, para los que de verdad sienten el amor... "
Audio: [fade out canción cutre pop español romántica ]


Pero esto es cuestión de gustos, supongo.

En fin, a mí este San Valentín no me toca regalos, pero porque ya me he encargado de decirles a todos que no celebro San Corte Inglés. [en este momento es cuando mi ex-profesor de economía me pide derechos de autor]

No me despido antes sin poner un enlace a un artículo interesantísimo de Coral Herrera, feminista de las que adoro, defensora del sexo libre y autora de libros como los de "Más allá de las etiquetas" y "La construcción sociocultural del amor romántico". No tiene pérdida, lo aseguro.

Feliz día a todas y todos. Que paséis un bonito martes.

sábado, 4 de febrero de 2012

De mayor quiero ser periodista


Decepcionada no es la palabra. En primer lugar porque es un adjetivo muy feo, y en segundo lugar, porque quiero ligarla al periodismo. Como comprenderéis, no puedo permitirme tal imagen: ¿decepcionada Laura con el periodismo? Ni hablar. De ninguna de las maneras. 

 Si algo tengo claro, es que es la mejor carrera y la mejor profesión del mundo. Pero también hay que ser realistas, en la medida de lo posible, claro. Veamos… ¿qué narices estamos haciendo? Y lo pregunto con todo el apego del mundo. 

Las nuevas generaciones, no están hechas para el periodismo que yo buscaba. Es más, ¿están hechas para algún tipo de periodismo? No es que sea alarmista, pero desde luego hay unos puntos de los que se flojea en la información actual.


Punto nº1: somos unas malditas sanguijuelas. 

Mira que siempre he sido de las que defiende la competividad y rivalidad porque a más de uno les hace crear metas e inquietudes. La pugna por el mejor trabajo realizado significa, a su vez, que hay más de un trabajo bueno, y eso es perfecto. ¿Calidad periodística? Bienvenida sea. Pero siempre la he defendido si es una porfía sana. Lo que me encuentro en la facultad, (y en alguna que otra rueda de prensa en la que me cuelo) es una enemistad deleznable. ¿Ayudarte yo a ti? Por supuesto, ven aquí que cuando pueda te voy a reducir a polvo. Nos pisamos unos a los otros, y ya no sólo no ayudamos al de al lado, sino que, en caso de tener oportunidad de machacarlo y hostigarlo, lo hacemos.

Punto nº2: hemos perdido el espíritu temerario.  

Y eso es una de las peores cosas que podría pasar. ¿Dónde queda la osadía, el atrevimiento, esa inquietud y conmoción de encontrar la verdad cueste lo que cueste? Nos hemos estancado en un pragmatismo malsano y absurdo, en el que el periodista es un sedentario innato que se dedica a consumir boletines de prensa mandados por las grandes agencias de información para reescribir después su noticia. Ya no se sale a la calle a buscar, ya no percibimos la aventura, la hazaña periodística. Y no es que quiera ponernos como héroes, pero, nuestro trabajo debería consistir en ir más allá de reelaborar los comunicados de prensa.



Punto nº3: Soy la marioneta de los políticos. 

La gente reivindica un periodismo de calidad, exige un periodismo real, sin falacias, sin verdades a medias – que para el caso es lo mismo- contando los hechos objetivamente. Esto no significa que nos tengamos que quedar con las manos cruzadas esperando a “relatar” la actualidad con citas entrecomilladas del político de turno y… ¡hala! Ya tenemos titular y noticia.

Fulanito de tal ha dicho que bla bla bla. Menganita de Pascuala ha contradicho bla bla bla. Pepito de los palotes afirma. Tu prima la del pueblo niega.  Está genial saber la opinión de las figuras públicas más importantes, pero, ¿dónde está el suceso?


Si el acontecimiento del día es que Rajoy ha declarado que Zapatero no tiene ni puta idea de política fiscal, menuda novedad. A eso se le llama “periodismo de declaraciones”, donde únicamente nos dedicamos a recoger frases textuales de quien nos ha mandado acudir a su rueda de prensa. Frases que ellos mismos se preparan y guionizan antes del encuentro. Y siéntete afortunado si después de su soliloquio puedes hacerle alguna pregunta, porque si no eres de TVE o de Tele5, olvídate por completo de tu cuestionario preparado. Tres preguntas –predecibles, por supuesto y que no puedan desatar escándalo- y pa’ casita a redactar la noticia, que se basa en lo que ha dicho el tipo. Corderitos, vamos.

Me parece horrible que nos conformemos con ese tipo de información, que ni si quiera es eso, es pura promoción del personaje que protagoniza la rueda de prensa.


Punto número 4: Celebraciones anuales. 

Igual de abominable me parece ver en los telediarios cómo presentan las mismas noticias todos los años. Todos los veranos son el verano más caluroso del año; las rebajas encabezan una semana de noticias, lreportajes sobre las procesiones de Andalucía en Seamana Santa… por no hablar de los Reyes Magos en Enero: “Quedan menos de cinco días para que los Reyes nos traigan los regalos” “Quedan menos de 76 horas para que los Reyes nos traigan los regalos “Quedan menos de 48 horas para que los Reyes bla” Los Reyes se tiran una semana llegando con los regalos, porque, ¿para qué vamos a contar que Pakiswistán está en guerra? Que ya nos hemos enterado que todos los 25 de diciembre son Navidad, o que el 14 de febrero es San Valentín. Contadme algo que me interese, gracias.

Supongo que me tocará comenzar siendo la reportera de las cabalgatas de los Reyes o la que va a probar los cocidos de las abuelitas para esos reportajes insulsos. Pero tendrá que haber de todo en la viña del señor.
Desde luego que no es siempre negativo. Igual que hablo de estos descréditos de mi profesión, también hay otros que halagar. Pero hora no los recuerdo.

Ilusa de mí, que habiéndome desengañado, aún confío en ser corresponsal de "algo" algún día.

domingo, 15 de enero de 2012

White Winter Hymnal for Elle

Nuestro invierno no es tan blanco, pero es un invierno encantador.
 Esta canción es para Elena, una chica alemana guapa y optimista,- el orden de los factores no altera al producto- que estudia Diseño de Moda y que, por cierto, se ha hecho un blog igual de embaucador que ella: "Todos los monstruos viven en cuevas". Es nuevo y tiene poca cosa, pero poco a poco colgará sus trabajos y tenéis que ver cómo de fantásticos son.

La historia de Elena es sencilla y divertida, me preguntó si podía visitarme en Madrid y quedarse en mi casa durante un mes. Lleva un año y medio ya y todavía no ha regresado. Echó matrícula para estudiar diseño de moda y aquí está. "Hala mamá, que no vuevlo." Doy fe. 

Se lo digo pocas veces, porque siempre me deja alfileres por todo el suelo y yo soy de las que se ponen  farruca pronto, pero...



... te quiero.

lunes, 2 de enero de 2012

Críticas


Hace tres años hice una crítica a la peli "Little ashes" en este blog. (Si pincháis aquí, podréis ver la entrada).
En esta película sale Robert Pattinson haciendo de Salvador Dalí, y entonces aproveché para criticar a Crepúsculo en uno de los párrafos.
Por lo visto no soy la única que sabe criticar lo ajeno. De vez en cuando también me critican a mí, y es que, revisando entradas esta tarde, he visto que una niña me ha puesto este comentario en el post:


"Es patetico de lo que opinas de Crepusculo y Edward ¡¡ Tienes el gusto x el ojo del culo xk robert pattinson actua bien en todo ..¡¡¡¡¡¡ Y Jamas jamas ha hecho algo mal para que tu vengas a juzgarle puta gorda obsesiva de mierda¡'"

Lo que nos hemos reído mi hermano Yago y yo. :)

Y bueno, ya que estoy haciendo esta entrada con mi hermano, le he pedido que elija él una canción para poneros aquí en La Fila de Atrás.

Ha escogido "It's too late" de Carole King.

Disfrutadla.

domingo, 1 de enero de 2012

Nochevieja en amarillo.


 Moliere murió en plena escena vestido de amarillo, desde entonces, muchos dicen que ese color trae mala suerte. Pero, combatiendo mis miedos supersticiosos, y aunque no sea uno de mis colores favoritos, me he comprado en Lima una tela amarilla chillona para cubrir la cama. 
Es gracioso, porque yo no tenía ni idea: en Perú no entran al nuevo año con ropa interior roja, sino amarilla. Luego me di cuenta que toda la capital peruana estaba invadida por millones de puestecitos callejeros en los que se vendían cotillón, sombreros, bragas y todo tipo de cachivaches para festejar la Noche Vieja con el  color amarillo. Creen que ese color trae la felicidad. 
Tras descubrir esto, me aferré a la manta que compré mientras devorábamos las uvas que pondrían fin al 2011.

Lima-Limaq en aymara, o flor amarilla en castellano. Y se lo toman todo en serio estos peruanos, tanto, que la inmensa capital está construida con edificios coloniales revestidos de color amarillo y todos sus platos están bañados con jugo de limón. Supongo que será para no desentonar. Lima en toda regla.

Y estoy tan encantada con esta ciudad,- ¡tan encantada!- que no sé por donde empezar a elogiarla: si por su caos grato y estimulante o por su gente tan amable, humilde y hospitalaria.
Os hablaría de sus contrastes: de cómo puedes pisar con un pie el desierto y con otro, la frondosidad verdosa de un valle. De cómo sólo 15 kilómetros separan las pirámides Incas de Pachacamac y las catedrales cristianas-católicas del centro de la ciudad, o de cómo el distrito de Miraflores concentra toda la riqueza y pasado otros pocos kms sólo existe miseria. 











Tan bizarra es esta ciudad- en el real sentido de la palabra- que admiro hasta su belleza estrafalaria. 

No sé si habré captado toda su esencia en tan sólo tres días, pero tengo ganas de repetir esos debates populares (y llenos de participación) en la plaza de San Martín, tan bien organizados y tan interesantes, donde el jóven defiende la existencia de Dios y el anciano lo refuta diciendo:

-Usted dice que Dios ha creado el tiempo y el espacio. Tuvo que haber, entonces, antes de que eso ocurriera, un no-lugar y un no-tiempo. Pues bien, yo le pregunto a usted, joven, ¿cómo se llama eso que no ha existido en ningún momento y que no ha ocupado ningún lugar?

Sin duda echaré de menos el bullicio de gente (diez millones de habitantes) y el constante sonido del cláxon como forma de dirección de tráfico, haciendo caso omiso a los semáforos. Y la comida, ¡que no se me olvide la comida!: la Chaufa de mar y tierra, la jalea de pescado, esos chicharrones de calamar tan ricos, y ese sabor del maíz y patata tan distinta a la de aquí. Eso sí, el cebiche, que se quede donde está,-¡Puagg!: pescado y marisco crudo bañado en jugo de limón y cilantro-.
Pero dejémonos de comida, que se me está abriendo el apetito. 

Sólo decir que no estoy muy segura de en qué momento he entrado al 2012: si ayer con el atardecer peruano, o esta mañana al volver a España. Sólo sé que he entrado convencida del amarillo de mi manta y de la felicidad que se supone que trae ese color.

 Presiento que va a ser un gran año.

Feliz 2012.






















PD: fotografía de Yago Martínez