jueves, 13 de octubre de 2011

'No me gustan las bibliotecas' y 'Ayer compré Viscerales'

No me gustan las bibliotecas. Las odio. Odio el murmullo que se crea con su silencio, odio los empleados que están detrás del mostrador, tan simpáticos como nunca, que te llaman amenazándote de muerte porque llevas sin entregar un libro desde enero, y que te sonríen cuando lo devuelves y te dicen: "tranquila, un fallo lo tiene cualquiera, tu sanción será sólo hasta febrero. Que tengas un buen día, reina". Odio tener que buscar libros entre las estanterías y odio muchísimo más tener que hacerlo por los ordenadores.  No soporto cómo huelen, ni el aire que se respira en ellas, y me pone nerviosa, cada vez que entro, las miradas fulminantes y aniquiladoras que caen sobre mí porque mis botas hacen un extraño ruido chirriante al andar.

Ayer mi madre vino de visita exprés a Madrid y al enseñarle el nuevo libro que me compré, me preguntó por qué no usaba más la biblioteca, que es dinero que me ahorraba y que bla bla bla. Pero yo odio las bibliotecas, eso ya lo sabéis. Además, yo suelo comprar libros cuando estoy de mal humor- supongo que a muchos os pasará eso. Cuando me levanto con mala leche, o con ganas de tirar al mundo por un barranco y que me acusen por crímenes contra la humanidad, me voy a cualquier librería (a poder ser nunca el de El Corte Inglés) y empiezo a buscar el libro culminante de la semana, el que me comprenda y comparta mi rabieta, o el que me consuele y me de razones para no ser tan niñata.


Y como ayer necesitaba un desahogo, de los grandes, de los de "mi vida se me escapa de entre las manos" "nada tiene sentido" "necesito un motivoYA", acabé comprándome "Viscerales", un libro donde muchísimos autores vomitan sobre papel sus inquietudes, sus vísceras.

Es curioso: no lo andaba buscando, aunque sí lo conocía ya. Lo conocía porque La Niña de las Naranjas - Adri para los amigos, supongo-, es parte de los cuarenta desahogos que hay en el libro, y ya nos ha hablado de él en su blog.
Lo encontré por casualidad, entre un montón de libros de relatos cortos. Allí estaba, diciendo: "léeme" o, bueno, "cómprame". Y como de desahogos se trataba, y necesitaba comprensión de algún tipo, me lo llevé a casa.
Además, y para mi sorpresa, Déborah Vukusic y Roxana Popelka también son algunas de las participantes.

Así que hoy me voy a dedicar desentrañar cosas. Primero el libro que me compré, y luego veré qué puedo hacer con mi vida.


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