miércoles, 3 de marzo de 2010

Laura por Cibeles.



La superficialidad, a flor de piel -y nunca mejor dicho-, se ha paseado durante una semana con más eminencia que nunca por estas calles urbanas. Sí, y digo calles porque, a pesar de que las pasarelas de Cibeles se encontraron recogidas en IFEMA, las muchachitas y los muchachitos (incluso mujeronas y hombretones) de la ciudad eran conscientes de que esa semana se dedicaba única y exclusivamente a la moda, así que hemos tenido a doña “imagen perfecta” dando la lata por todos los lados.
Las revistas de moda se vendían más que en cualquier época del año y los cosméticos tuvieron demasiado protagonismo durante aquellos días.

La Fashion Week de Cibeles nos recibía a todos con invitación personal y con puestos de maquillaje, peluquería y manicura por todo el recinto. Bebidas gratis, niñas quinceañeras que se retocaban hasta el lunar de la cara con un lápiz de ojos; mujeres con abrigos de piel-no-sintética, y mucha, mucha superficialidad en la cual yo me integré fácilmente.
Por allí se codeaban personajes como Alaska y Mario Vaquerizo- que por cierto no se quisieron hacer fotos con nosotros- Pelayo, un joven diseñador español que se ha puesto muy de moda; Gala Gonzalez, la sobrina de Adolfo Dominguez; actrices como Adriana Azores y Neus Sanz, conocidas fundamentalmente por sus papeles en la serie televisiva “Los hombres de Paco”; cantantes salidas de Operación Triunfo como Edurne y personajes de pacotilla que siempre, y sin saber por qué, hace ilusión verlos.
Y es que por allí se paseaba hasta la mismísima Agatha Ruíz de la Prada, quien dio una charla acerca de sus comienzos en la moda.
Personalmente, me pareció una persona que actuaba con prepotencia y sus palabras de “no todo es fácil pero hay que intentarlo porque todos podemos (a pesar de que yo venga de una familia con recursos y tú no)” me parecieron francamente falsas. Por no hablar de lo horrible que es llevar unas piruletas encima de la cabeza... pero eso es un tema estético aparte: si yo me llamara Agatha Ruíz de la Prada, no sólo llevaría piruletas sobre mi cogollo, sino que incluso me atrevería a llevar una calabaza.
Copiar tendencias todo el mundo puede. Llevar calabazas en la cabeza, no.



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