jueves, 14 de enero de 2010

Esto se ha convertido en un diario... ¿O siempre lo fue?

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8/10/2009

Subo por las escaleras los días que hay tráfico de gente por la residencia. Seremos unas trescientas cincuenta personas que comemos y cenamos casi a la misma hora todos los días- incluidos festivos y puentes-. Tan sólo hay un ascensor, que es viejo, que chirría, que se puede ver su mecanismo desde el exterior y que da miedo (parece de película antigua de terror).

En esas horas claves subo andando porque la espera al ascensor se hace eterna, y porque así me ahorro dinero en gimnasio (estoy en un sexto, y cuando voy por la quinta planta, ya me noto las piernas tensas). Pero vale la pena la fatiga, porque observo mi entorno. Me encuentro siempre con compañeros que ya conozco y me paro a charlas con ellos o, por el contrario, veo gente nueva que se me presenta con una ingente sonrisa y una pregunta absurda: ¿Eres nueva? Nunca falla, la verdad. A partir de ahí, entablas conversación. ¿Cómo te llamas? ¿Qué estudias y dónde? ¿Cuántos años tienes? ¿De dónde eres?, etc. “¡17! No me lo creo, te echaba por lo menos 21”

La primera planta es todo un misterio porque está siempre cerrada. Yo tengo la teoría de que hay niños secuestrados ahí dentro y que los dueños hacen experimentos con ellos o donan sus órganos sanos para ganar una buena pizca.
En la segunda planta está recepción. Allí siempre se encuentra el jefe de estudios, que parece un teleñeco con orejas de elfo y voz de dibujo animado. Siempre anda ajetreado y despistado, pero es gracioso observar cómo se mueve de un lado para otro. En esta planta está el Adivino también y es la que más frecuento por eso de las visitas a habitaciones ajenas.
Después, en la tercera, es donde se encuentra el espejo de cuerpo entero y es donde nos reunimos todas las chicas obsesionadas por estar presentables para mirarnos una y otra vez y así darnos el visto bueno antes de salir de la residencia.

La cuarta planta es la de la lavadora, y es una que más detesto. Sin embargo, contradiciéndome, es una también que llena de misterio gracias al sonido de una guitarra tras la puerta de una habitación. ¿Quién será el que la toca? ¿Qué secretos desencadena su música? Es chico, porque le he oído quejarse cuando una canción no le ha salido bien, pero no sé quién es y me tiene intrigada porque verdaderamente toca genial.
Después está la quinta que nada sé de ella, la verdad.

Y debería acabar contando por la sexta, que es la mía y me encanta, porque no es ruidosa y tampoco aburrida. Mi habitación es la del fondo del todo y es donde menos se escucha las cosas, así que puedo presumir de rincón tranquilo.
En frente tengo una chica de Mallorca muy maja que comparte su chocolate, su té y sus manzanas conmigo. Está obsesionada con su novio, que lo dejó en Mallorca y habla con él cada cinco minutos. También tiene otro tipo de obsesiones y colecciona cosas demasiado… en fin, estas cosas son personales y no las pienso desvelar, imaginad lo que queráis.
Al lado un chico veterano y de Orihuela que, por un ataque de nervios, regresó a su casa pensando que tenía la gripe A (cuidado cuando me veáis: los gérmenes han estado rondando por aquí en esta planta), dos puertas más allá, otra chica de Albatera, Gloria, que es pequeñita y tiene cara de niña, pero es mayor que yo y además matona, es decir, con carácter. Ella comparte su televisión y deja ver Física o química a sus compañeras que quieren ver la serie (no entro en ese grupo, la verdad).

En la séptima tengo a otra chica de Mallorca que la llamamos Dori, la de Nemo, por su escasa memoria. Siempre está durmiendo o está cansada. Comparte habitación con otra chica de Orihuela, Vanesa, ,- vaya, me voy de Alicante para deshacerme de vosotros y me encuentro más por aquí xD- que tiene 24 años y que es como si fuera nuestra hermana mayor, diciéndonos qué es lo que debemos hacer y qué es lo que no debemos. Me cosió un bolso a cambio de la plancha, y nos indica cómo lavar la ropa. Creo que mañana me alisará el pelo. Está estudiando para opositar para Guardia Civil :)

Pero bueno, prosigamos con Dori, que en realidad se llama Aurora y es una chica encantadora. Siempre está sonriendo y tiene el humor que a mí me gusta- el de los tontos-.
Junto a ella, Noemi es otra de las mejores. Por cierto, hoy es su cumpleaños. Ella es futura psicóloga y al principio es muy seria- tanto hasta el punto de pensar que quizás puede llegar a ser un poco mala y todo- pero luego te das cuenta que es porque le estaba haciendo un perfil a tu persona y analizando como eras. Por suerte, le caí bien- aunque le parecí un poco friki- y por eso ahora anda con Aurora y conmigo siempre.

Miguel sin embargo no es de esta residencia, sino que vive en la de San Leo, a dos manzanas más allá, pero está bastante cerca. Siempre viene y nos lo encontramos y nos cuenta sus chismes. Tiene una amiga que se parece a Yola Berrocal que, bueno, no es que se parezca, es que creo que son hermanas gemelas. Miguel nos cuenta sus experiencias con los chicos, los que ha tenido, los que le han gustado y su último objetivo de la semana. Sin entrar en detalles de sus mamadas, esas que nos cuenta a la hora de la comida.

Andrés también es gay. Y pobre de mí que, para un chico que me hace gracia en la residencia y creo tener posibilidades con él, resulta que es de la otra acera. Pero bueno, siempre me quedará ver con él películas de culto, que eso sí que le va.

Mi compi de cuarto está majara. Es de Guadalajara y se llama Irene. Tiene una voz estruendosa que cuando eclosiona en carcajada, retumba el piso entero. Me encanta porque comparte muchas cosas conmigo y transmite confianza. Es ella quien me levanta por las mañana, a cambio de que yo deje la llave abajo para que nos limpien la habitación. El otro día estuvimos de bricolage porque compramos un espejo de cuerpo entero –ya no tendré que bajar hasta la tercera planta- y unas pizarras y tablones de corcho. Pero lo cierto es que hicimos un estropicio y tuvimos que llamar al de mantenimiento, que fue muy majo y nos colgó todo lo que compramos. Desde nuestra habitación no se ve nada más extraordinario que un cartel gigante y luminoso de Rafael en Gran Vía anunciando que ha tenido 50 años de éxito y que por eso vuelve a las andadas en Madrid.
Madrid, que por cierto, ahora mismo se está mojando a más no poder. No es tan insólito, pero eso de que caiga tanta lluvia sobre edificios enormes, sobre avenidas infinitas, sobre carteles centellantes y sobre tanta gente a la vez, me ha impresionado.

Esto es precioso, y la gente, en la mayor medida posible, acompaña. Y la Universidad no es menos, porque he conocido a unos compañeros fantásticos. Miguel, Bárbara, Pati, Blanca y Elías. Ellos me enseñaron los Desayunos Vips y me llevaron a conciertos gratuitos. Me visitaron cuando estuve enferma y me acompañan a hacer las largas colas en reprografía cuando tengo que imprimir algo. Son estupendos y con ellos, las clases de la Calero se hacen más amenas, aunque, bueno, en realidad no han sido tan aburridas como pensáis. Comunicación escrita tiene algo que engancha. Quizás será que me gusta por todo lo que tenemos que hacer y todo lo que me hace mover buscando noticias con las que deleitarle. O bueno, por lo menos informarle, ¿no?

El triunfo no radica en ganar, como muchos piensan, sino en intentarlo- como otras tantas habréis oído-. Yo estoy dispuesta a intentarlo y no darme por vencida hasta conseguir lo que más ansío alcanzar. Sé cuál es esa cosa que me llena y poco a poco noto que me llena más aún.
El periodismo es fascinante. Madrid también lo es. Juntos, son una bomba.