miércoles, 13 de enero de 2010

Andadas periodísticas.

Tengo que confesarlo. Sigo sin ninguna idea encima, así que suprimiré el proyecto del blog que os he contado en el post anterior, o lo reemplazaré hasta que tenga algo en la cabeza.
De momento yo sigo con lo mío. Acabo de llegar a Madrid hace unos días y Miguelín y yo ya nos hemos puesto manos a la obra.
Cargamos con su grabadora (porque la mía la olvidé en Ulm) y fuimos a entrevistar en el aeropuerto de Barajas a los pasajeros, que, nerviosos, esperaban impacientemente una respuesta ante tanto retraso y vuelo cancelado. Bueno, he hecho mal en obviar que lo sabéis- eso es una de las primeras cosas que nos enseñan en periodismo- pero lo del mal tiempo en Madrid- y en muchos lugares de España-, la nieve, el hielo y toda estas parafernalias no hacen más que salir en los medios de comunicación y sería trataros de tontos si me pusiera a explicar los acontecimientos. No veo la televisión porque por aquí no tengo ninguna a mano, pero apostaría lo que quisierais a que los telediarios de cualquier canal estos dos últimos días han sido monotemáticos.






Pero no me ando con rodeos y prosigo con mi odisea aeroportuaria y periodística.
Nada más llegar nos encontramos con una cola de pasajeros que atravesaba la terminal de arriba a bajo para que los de Atención al Cliente les otorgaran una solución.
Entre toda aquella gente nos encontramos con una argentina que tenía un palique tremendo- y verdaderamente espeluznante, todo hay que decirlo- que nos relató su experiencia. No entendió mi pregunta, porque comenzó a hablarme de sus ocho nietos- y espero que no os la imaginéis viejecita, no era una rubia despampanante que hablaba como si fuera un diccionario-. También haló de sus viajes por el mundo y de sus cuatro pasaportes que llevaba encima siempre. Tuve que retomar el tema de interés como tres veces porque la tipa no paraba de contarme su vida. Qué es lo que le sucede ahora mismo, aquí, no en Los Ángeles de hace veinte años, señora.
Pero fue muy amable y por supuesto, otorgó mucha información “relevante” que pude usar para mi noticia de radio: estaba allí desde las cinco de la mañana y todavía- eran las seis de la tarde- estaba a mitad de la fila. Pobre.

Los empleados de AENA, Iberia o de cualquier oficio del aeropuerto se negaban rotundamente a darnos información al respecto, pero hubo uno que, aunque muy nervioso y mirando de un lado para otro, nos dijo la cantidad de vuelos que se habían cancelado a lo largo del día y los pocos que se tenía previsto realizar.
Si algún pasajero lo hubiera sabido- me refiero a saber el número de aviones que tenían pensado salir de Madrid- el caos se volvería a desatar en Barajas. De hecho, poco distaba aquel desajuste del caos total.

Y nada más. Un par de testimonios más para ayudar a redactar la noticia- entre ellos el de otro empleado que se notaba el miedo en su cara. Miedo, supongo, por si su jefe le fuera a despedir por dar información “confidencial”- en realidad no sería nada nuevo porque dan ruedas de prensa y todos los datos salen en los periódicos- a unos criajos que todavía no habían ni acabado el primer cuatrimestre de su carrera.
Pero claro, yo creo que fue más bien el comentario que Miguel hizo lo que le infundó temor: “No somos prensa, somos casi-prensa”
Sí, amigos. Nosotros somos casi-prensa y todavía nos queda cuatro años para finalizar. Vamos con el autoestima muy alto. Pero es que viendo que una periodista profesional de Telecinco hacía el mismo trabajo que nosotros por aquellos lugares, pues es muy gratificante. Claro que lo nuestro, pues… No saldrá publicado en ningún sitio y se perderá nuestra información para siempre….
Trágico. O como diría la Calero: “Impepinablemente” poco encantador.

No hay comentarios: