miércoles, 20 de enero de 2010

Y yo que siempre quise vivir en una mansión...


Me encanta el olor que desprende la residencia en estos días de exámenes.

Los pasillos, la entrada, la recepción, el ascensor… ¡El olor de la marihuana se ha cambiado por el de las palomitas! (ya sabéis que estudiando a uno le entra la gula). Yo creo que a la directora de la resi le saldría más rentable invertir el dinero en microondas en vez de en radiadores.

Lo cierto es que hay más ambiente (estudiantil) estas últimas semanas: la gente se queda hasta más tarde en la sala de estudios y hay más movimiento nocturno.

Mi primer examen universitario lo tuve el pasado lunes. Pensaba que iba a estar más nerviosa e histérica- quien me conozca sabe perfectamente a qué me estoy refiriendo- pero, sin embargo, entré relajada y tranquila. Esto último no fue un impedimento para celebrar que se había acabado “la presión” del primer examen e irme de compras con un personaje, que debería hablar más a menudo de él: Tirso de León. Bueno, ya lo iréis conociendo a lo largo del tiempo si es que decidís leerme.

Nos tiramos todo el día de rebajas, comenzando por las tiendas de Gran Vía, volviendo a bajar para ver las de Preciados, subiendo de nuevo para las de Fuencarral y terminando en Malasaña para ver cómo las tiendas de segunda mano que teníamos pensado ver cerraban porque se nos había hecho más de las nueve.

Veréis, pensé que en Madrid iba a morirme de ganas por comprar ropa compulsivamente, pero os aseguro que encuentro más motivación en el Habaneras de Torrevieja que aquí. No quiero sonar ni parecer pedante, pero en esta ciudad hay cantidad de actividades para realizar, que perder el tiempo todos los días mirando escaparates es triste.

Y es en Madrid también donde he comprobado que la teoría- fatalista- de que el hombre no podría vivir sin televisión es completamente falsa. En esta residencia tenemos una televisión para compartir entre 300 y, fijaros, que hasta El propio Adivino lleva como cuatro meses sin verla (exceptuando las vacaciones de navidad). Lo de internet es otra cuestión, pero también lo tenemos bastante reducido y aún así nadie ha entrado en coma.

En realidad no sé qué hago escribiendo esto como si ahora nuestras vidas consumistas hubieran desaparecido. Sólo he sustituido el gasto de ropa por cine, comida y otro tipo de ocio, nada más. Y es que desde que el otro día la Calero trajo a una periodista de la agencia Servimedia a clase que afirmó que quien estudia periodismo es porque seguramente no basa su vida en dinero y comodidades, no he hecho otra cosa más que decirme a mí misma que soy más feliz con una noticia que con tres vaqueros; con un reportaje que con un coche; o con una entrevista que con una casa.

Os juro que si me dan una columna semanal en el New York Times, comienzo a vivir y dormir en la calle.

pd: no sé si he metido ya a Mariah Carey en miLista Negra. Si no, dentro de poco lo haré.

domingo, 17 de enero de 2010

Catástrofes

Sólo hay una cosa peor que el calendario nuevo, ilustrado con imágenes cutres de chicos adolescentes posando desnudos con balones de fútbol, que mi compi de cuarto ha colgado en la puerta de la habitación y que me encontré nada más llegar de ir a ver la exposición de Lágrimas de Eros: las canciones que tenemos propuestas este año para ir a representarnos a Eurovisión y ha superado en creces al Chikilicuatre. Agarraros fuerte que os vais a caer:



Además también--> Irene tienes pene


Y ya que estamos hablando de comparaciones fatalistas, darle mi apoyo al obispo José Ignacio Murillas porque al pobre le han distorsionado y manipulado sus palabras: "Existen males peores que la tragedia en Haití: nuestra pobre situación espiritual. Quizás es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufri endo"

Tocaros las narices porque el asunto tiene tragedia, sí señor. Yo, desde que mi soplo de fe se esfumó, veo cómo mueren en españa miles de personas por catástrofes naturales y guerras caóticas.
Pero lo peor de todo es que el obispo de San Sebastián "Trataba de explicar que el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra porque Dios les promete felicidad eterna"

Mañana nuestra catástrofe espiritual se cobrará otras 50.000 vidas y quedaremos todos rebosando con nuestras carnes en fosas comunes o, de lo contrario, perdidos entre los escómbros del ladrillo y cemento.

jueves, 14 de enero de 2010

Esto se ha convertido en un diario... ¿O siempre lo fue?

>
8/10/2009

Subo por las escaleras los días que hay tráfico de gente por la residencia. Seremos unas trescientas cincuenta personas que comemos y cenamos casi a la misma hora todos los días- incluidos festivos y puentes-. Tan sólo hay un ascensor, que es viejo, que chirría, que se puede ver su mecanismo desde el exterior y que da miedo (parece de película antigua de terror).

En esas horas claves subo andando porque la espera al ascensor se hace eterna, y porque así me ahorro dinero en gimnasio (estoy en un sexto, y cuando voy por la quinta planta, ya me noto las piernas tensas). Pero vale la pena la fatiga, porque observo mi entorno. Me encuentro siempre con compañeros que ya conozco y me paro a charlas con ellos o, por el contrario, veo gente nueva que se me presenta con una ingente sonrisa y una pregunta absurda: ¿Eres nueva? Nunca falla, la verdad. A partir de ahí, entablas conversación. ¿Cómo te llamas? ¿Qué estudias y dónde? ¿Cuántos años tienes? ¿De dónde eres?, etc. “¡17! No me lo creo, te echaba por lo menos 21”

La primera planta es todo un misterio porque está siempre cerrada. Yo tengo la teoría de que hay niños secuestrados ahí dentro y que los dueños hacen experimentos con ellos o donan sus órganos sanos para ganar una buena pizca.
En la segunda planta está recepción. Allí siempre se encuentra el jefe de estudios, que parece un teleñeco con orejas de elfo y voz de dibujo animado. Siempre anda ajetreado y despistado, pero es gracioso observar cómo se mueve de un lado para otro. En esta planta está el Adivino también y es la que más frecuento por eso de las visitas a habitaciones ajenas.
Después, en la tercera, es donde se encuentra el espejo de cuerpo entero y es donde nos reunimos todas las chicas obsesionadas por estar presentables para mirarnos una y otra vez y así darnos el visto bueno antes de salir de la residencia.

La cuarta planta es la de la lavadora, y es una que más detesto. Sin embargo, contradiciéndome, es una también que llena de misterio gracias al sonido de una guitarra tras la puerta de una habitación. ¿Quién será el que la toca? ¿Qué secretos desencadena su música? Es chico, porque le he oído quejarse cuando una canción no le ha salido bien, pero no sé quién es y me tiene intrigada porque verdaderamente toca genial.
Después está la quinta que nada sé de ella, la verdad.

Y debería acabar contando por la sexta, que es la mía y me encanta, porque no es ruidosa y tampoco aburrida. Mi habitación es la del fondo del todo y es donde menos se escucha las cosas, así que puedo presumir de rincón tranquilo.
En frente tengo una chica de Mallorca muy maja que comparte su chocolate, su té y sus manzanas conmigo. Está obsesionada con su novio, que lo dejó en Mallorca y habla con él cada cinco minutos. También tiene otro tipo de obsesiones y colecciona cosas demasiado… en fin, estas cosas son personales y no las pienso desvelar, imaginad lo que queráis.
Al lado un chico veterano y de Orihuela que, por un ataque de nervios, regresó a su casa pensando que tenía la gripe A (cuidado cuando me veáis: los gérmenes han estado rondando por aquí en esta planta), dos puertas más allá, otra chica de Albatera, Gloria, que es pequeñita y tiene cara de niña, pero es mayor que yo y además matona, es decir, con carácter. Ella comparte su televisión y deja ver Física o química a sus compañeras que quieren ver la serie (no entro en ese grupo, la verdad).

En la séptima tengo a otra chica de Mallorca que la llamamos Dori, la de Nemo, por su escasa memoria. Siempre está durmiendo o está cansada. Comparte habitación con otra chica de Orihuela, Vanesa, ,- vaya, me voy de Alicante para deshacerme de vosotros y me encuentro más por aquí xD- que tiene 24 años y que es como si fuera nuestra hermana mayor, diciéndonos qué es lo que debemos hacer y qué es lo que no debemos. Me cosió un bolso a cambio de la plancha, y nos indica cómo lavar la ropa. Creo que mañana me alisará el pelo. Está estudiando para opositar para Guardia Civil :)

Pero bueno, prosigamos con Dori, que en realidad se llama Aurora y es una chica encantadora. Siempre está sonriendo y tiene el humor que a mí me gusta- el de los tontos-.
Junto a ella, Noemi es otra de las mejores. Por cierto, hoy es su cumpleaños. Ella es futura psicóloga y al principio es muy seria- tanto hasta el punto de pensar que quizás puede llegar a ser un poco mala y todo- pero luego te das cuenta que es porque le estaba haciendo un perfil a tu persona y analizando como eras. Por suerte, le caí bien- aunque le parecí un poco friki- y por eso ahora anda con Aurora y conmigo siempre.

Miguel sin embargo no es de esta residencia, sino que vive en la de San Leo, a dos manzanas más allá, pero está bastante cerca. Siempre viene y nos lo encontramos y nos cuenta sus chismes. Tiene una amiga que se parece a Yola Berrocal que, bueno, no es que se parezca, es que creo que son hermanas gemelas. Miguel nos cuenta sus experiencias con los chicos, los que ha tenido, los que le han gustado y su último objetivo de la semana. Sin entrar en detalles de sus mamadas, esas que nos cuenta a la hora de la comida.

Andrés también es gay. Y pobre de mí que, para un chico que me hace gracia en la residencia y creo tener posibilidades con él, resulta que es de la otra acera. Pero bueno, siempre me quedará ver con él películas de culto, que eso sí que le va.

Mi compi de cuarto está majara. Es de Guadalajara y se llama Irene. Tiene una voz estruendosa que cuando eclosiona en carcajada, retumba el piso entero. Me encanta porque comparte muchas cosas conmigo y transmite confianza. Es ella quien me levanta por las mañana, a cambio de que yo deje la llave abajo para que nos limpien la habitación. El otro día estuvimos de bricolage porque compramos un espejo de cuerpo entero –ya no tendré que bajar hasta la tercera planta- y unas pizarras y tablones de corcho. Pero lo cierto es que hicimos un estropicio y tuvimos que llamar al de mantenimiento, que fue muy majo y nos colgó todo lo que compramos. Desde nuestra habitación no se ve nada más extraordinario que un cartel gigante y luminoso de Rafael en Gran Vía anunciando que ha tenido 50 años de éxito y que por eso vuelve a las andadas en Madrid.
Madrid, que por cierto, ahora mismo se está mojando a más no poder. No es tan insólito, pero eso de que caiga tanta lluvia sobre edificios enormes, sobre avenidas infinitas, sobre carteles centellantes y sobre tanta gente a la vez, me ha impresionado.

Esto es precioso, y la gente, en la mayor medida posible, acompaña. Y la Universidad no es menos, porque he conocido a unos compañeros fantásticos. Miguel, Bárbara, Pati, Blanca y Elías. Ellos me enseñaron los Desayunos Vips y me llevaron a conciertos gratuitos. Me visitaron cuando estuve enferma y me acompañan a hacer las largas colas en reprografía cuando tengo que imprimir algo. Son estupendos y con ellos, las clases de la Calero se hacen más amenas, aunque, bueno, en realidad no han sido tan aburridas como pensáis. Comunicación escrita tiene algo que engancha. Quizás será que me gusta por todo lo que tenemos que hacer y todo lo que me hace mover buscando noticias con las que deleitarle. O bueno, por lo menos informarle, ¿no?

El triunfo no radica en ganar, como muchos piensan, sino en intentarlo- como otras tantas habréis oído-. Yo estoy dispuesta a intentarlo y no darme por vencida hasta conseguir lo que más ansío alcanzar. Sé cuál es esa cosa que me llena y poco a poco noto que me llena más aún.
El periodismo es fascinante. Madrid también lo es. Juntos, son una bomba.

miércoles, 13 de enero de 2010

Andadas periodísticas.

Tengo que confesarlo. Sigo sin ninguna idea encima, así que suprimiré el proyecto del blog que os he contado en el post anterior, o lo reemplazaré hasta que tenga algo en la cabeza.
De momento yo sigo con lo mío. Acabo de llegar a Madrid hace unos días y Miguelín y yo ya nos hemos puesto manos a la obra.
Cargamos con su grabadora (porque la mía la olvidé en Ulm) y fuimos a entrevistar en el aeropuerto de Barajas a los pasajeros, que, nerviosos, esperaban impacientemente una respuesta ante tanto retraso y vuelo cancelado. Bueno, he hecho mal en obviar que lo sabéis- eso es una de las primeras cosas que nos enseñan en periodismo- pero lo del mal tiempo en Madrid- y en muchos lugares de España-, la nieve, el hielo y toda estas parafernalias no hacen más que salir en los medios de comunicación y sería trataros de tontos si me pusiera a explicar los acontecimientos. No veo la televisión porque por aquí no tengo ninguna a mano, pero apostaría lo que quisierais a que los telediarios de cualquier canal estos dos últimos días han sido monotemáticos.






Pero no me ando con rodeos y prosigo con mi odisea aeroportuaria y periodística.
Nada más llegar nos encontramos con una cola de pasajeros que atravesaba la terminal de arriba a bajo para que los de Atención al Cliente les otorgaran una solución.
Entre toda aquella gente nos encontramos con una argentina que tenía un palique tremendo- y verdaderamente espeluznante, todo hay que decirlo- que nos relató su experiencia. No entendió mi pregunta, porque comenzó a hablarme de sus ocho nietos- y espero que no os la imaginéis viejecita, no era una rubia despampanante que hablaba como si fuera un diccionario-. También haló de sus viajes por el mundo y de sus cuatro pasaportes que llevaba encima siempre. Tuve que retomar el tema de interés como tres veces porque la tipa no paraba de contarme su vida. Qué es lo que le sucede ahora mismo, aquí, no en Los Ángeles de hace veinte años, señora.
Pero fue muy amable y por supuesto, otorgó mucha información “relevante” que pude usar para mi noticia de radio: estaba allí desde las cinco de la mañana y todavía- eran las seis de la tarde- estaba a mitad de la fila. Pobre.

Los empleados de AENA, Iberia o de cualquier oficio del aeropuerto se negaban rotundamente a darnos información al respecto, pero hubo uno que, aunque muy nervioso y mirando de un lado para otro, nos dijo la cantidad de vuelos que se habían cancelado a lo largo del día y los pocos que se tenía previsto realizar.
Si algún pasajero lo hubiera sabido- me refiero a saber el número de aviones que tenían pensado salir de Madrid- el caos se volvería a desatar en Barajas. De hecho, poco distaba aquel desajuste del caos total.

Y nada más. Un par de testimonios más para ayudar a redactar la noticia- entre ellos el de otro empleado que se notaba el miedo en su cara. Miedo, supongo, por si su jefe le fuera a despedir por dar información “confidencial”- en realidad no sería nada nuevo porque dan ruedas de prensa y todos los datos salen en los periódicos- a unos criajos que todavía no habían ni acabado el primer cuatrimestre de su carrera.
Pero claro, yo creo que fue más bien el comentario que Miguel hizo lo que le infundó temor: “No somos prensa, somos casi-prensa”
Sí, amigos. Nosotros somos casi-prensa y todavía nos queda cuatro años para finalizar. Vamos con el autoestima muy alto. Pero es que viendo que una periodista profesional de Telecinco hacía el mismo trabajo que nosotros por aquellos lugares, pues es muy gratificante. Claro que lo nuestro, pues… No saldrá publicado en ningún sitio y se perderá nuestra información para siempre….
Trágico. O como diría la Calero: “Impepinablemente” poco encantador.

jueves, 7 de enero de 2010

Nuevo proyecto (si es que me viene algo a la cabeza)

El adivino ha pasado de mí. Igual que todos los demás.
Le he llamado desesperadamente porque notaba cómo me iba desintegrando poco a poco mientras miraba el blanco techo de mi cuarto tumbada en la cama, pero no ha sentido conmiseración alguna por mí.
Suplicando para que quedase, para que viniese a casa a tomar un té caliente, lo único que he conseguido es que su modorra aumentase para no venir. Contamos con la lluvia traicionera de esta tarde, por supuesto, pero eso a un amigo no se lo perdono (que sepas que me he muerto del aburrimiento jajaja)

He intentado hacer de todo: bailar delante del espejo, probarme todo el armario para crear looks nuevos, ver- por segunda vez- Annie Hall de Woody Allen, tocar la guitarra y el piano con mi hermano Rubén, cantar Hotel California con mi hermano Rubén, oír los penosos acordes que intentaban parecerse a la canción de Roxanne de The Police de Rubén, ver las fotos de estas navidades, enviar mensajes a todos aquellos de los que no he sabido nada desde que me fui de Madrid, estudiar, meterme al facebook, estudiar, poner el lavavajillas, hacer la comida (que por suerte no se me ha chamuscado) y un sin fin de cosas más que no me han servido en absoluto para distraerme.
Y vosotros diréis, "caramba, pero si has estado liadísima" Si bueno, en realidad la tarde tiene muchas más horas de las que yo empleo en hacer todas las anteriores estupideces que os he contado. Ya véis: mi vida, desde que mi amigo El Adivino me prohibió decir bajo todos los conceptos la palabra Chachi, no es la misma.

También he tenido tiempo para pensar.
Sí, veréis, como hace poco vi en el avión una de las últimas películas de Meryl Streep (Julie&Julia), film del que esperaba un poco más de humor y un final más redundante, había pensado en crear, como la protagonista, una especie de propósito 2010.
Aquí os explico que Julie, la prota, crea un blog con el fin de llegar a una meta: realizar 524 recetas en 365 días. Un proyecto que le ayuda a conocerse mejor y esas peculiaridades de la vida que sólo salen en las películas y que te venden como "basado en hechos reales".


Bien, no sé si me he trabado mucho explicando esto último. Lo que yo os quería contar es que me apetece hacer algo de eso: un proyecto de blog. Alcanzar una meta- o llámalo estupidez, me da lo mismo-y contaros la trayectoria y experiencia por este blog, que desde que dejé el Sequeros, La Fila de Atrás no tiene demasiado sentido porque no somos los mismos en clase y porque... Bueno en realidad es porque estoy demasiado vaga para escribir acerca de películas que me han gustado y de libros que recientemente he leído o criticar música, por ejemplo. Sería darle mil vueltas a lo mismo. Creo que todos vosotros (dos o tres que leéis este blog) sabéis perfectamente que me encantan las películas históricas y dramáticas (y las de, ejem, tapa blanca); y conocéis mis gustos musicales de sobra.
Asi que por eso quizás me vendría bien retomar el blog para escribir sobre algo que tenga sentido y no contaros mi admiración hacia la Calero; o simplemente, escribir más a menudo que me vendría bien dado la carrera que estoy estudiando. Y, dado que también en la cocina soy un completo desastre- se me queman hasta los spaguetti, de verdad- también descartamos toda meta que tenga que ver con sartenes y recetas culinarias. No. Tendría que ser algo distinto...
Como por ejemplo: "Descubriendo a Laura"
Una vez creé (y todavía no lo he borrado) una lista negra, pero en realidad no detesto a nadie tanto como para darle importancia y meterlo en injustamente en una lista negra que carece de valor. Había pensado en descubrir las cosas que me gustan, los pequeños placeres insignificantes como masticar chicle, hacer pompas o cosas así. No es que no me conozca, es por hacer el paripé un rato. A lo mejor salgo de esto siendo mejor persona, ¿quién sabe?

Solo necesito ideas. Para dentro de un par de días espero tenerlo.

Ahora consultaré al Adivino, sí, ese que me ha tenido en ascuas toda la tarde, y le preguntaré. Hasta entonces vosotros también podéis ir dando ideas, estoy abierta a todo- ¬¬ cochinos, que os conozco...-

domingo, 3 de enero de 2010

viernes, 1 de enero de 2010

Feliz 2010

Mis últimos días al rimto de Bossa Nova y entre el caos del mercado de Sao Bento.
Hay pocas cosas mejores que dos días en Brasil, como por ejemplo, estar cuatro :)
Eso sí, lo de tomar las uvas en el avión es discutible ;)