lunes, 19 de octubre de 2009


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La fila de atrás vuelve a la vida real. Es lo que pasa cuando, a pesar de haber llegado media hora antes a la facultad, te entretienes con el ordenador conectado al weefi para leer las noticias más importantes del día y también (todo hay que decirlo), para echarle un vistazo al Facebook.

Resulta que tus compañeros- que son más de 130- han sido más inteligentes que tú y han reservado pupitres en la clase antes de que la profesora llegase; y eso de que 130 personas concentradas en una misma sala sean más listas que tú, es preocupante.

No me volverá a pasar. Perjurado y perjurado (al no ser que me quede dormida).

Sí, he vuelto a visitar la fila de atrás y aquellas mesas donde siempre andan ilustrados algún tres en raya o algún dibujo del escudo del Real Madrid. A pesar de todo, he estado bien acompañada. Mis compañeras Pati y Bárbara son como el Adivino y la Golfa que el año pasado se sentaban a mi lado y me dedicaban sus aventuras y sus visiones. En realidad no las puedo catalogar como tales respectivamente, pero, seguro que más adelante les sacaré una función. Quien sabe, quizás una resulte ser adivina también. Ellas no son las únicas, por supuesto, lo que pasa es que Blanca, Fátima, Miguel y Rosa entraban en el grupo de inteligentes que descartaron ponerse atrás del todo.

Situarse al final de la clase tiene sus repercusiones negativas, pero también, sin parecer nada extraordinario, tiene sus elementos positivos. Por ejemplo, hoy la Calero*, que siempre está pendiente de los de atrás, me ha hecho participar en clase. Esto es un punto muy a favor para la fila de atrás porque, con 130 personas en clase, mi fobia al habla en público aumenta. No soy capaz de opinar de un tema ni de contestar a preguntas teóricas por miedo. Sin embargo, lo cierto es que soy muy inepta al hablar y muchas veces me replanteo- a pesar de gustarme y de regustarme y adorar la carrera que he elegido- si periodismo es realmente para mí. Pero es algo que estoy dispuesta a cambiar porque, al fin y al cabo, creo que mi torpeza hablando no es más que el miedo y la poca convicción que tengo en mis propias palabras. Eso se acabó (tampoco es ningún propósito que al final no se acaba cumpliendo del próximo 2010)

De momento creo que me seguiré poniendo en la fila de atrás, por lo menos en las clases de la Calero, que le encanta moverse por el fondo de la clase con ese paso airoso y seguro a pesar de sus patitas cortas. Quizás a mí me sobra altura y me falta un poco de perspicacia.

*La Calero: María Luisa Sánchez Calero. Profesora de Comunicación e información escrita en la universidad Complutense de Madrid. Va de malvada y de seria, pero creo que es un cachito de pan. No sé si estaría bien decir que la admiro por su desparpajo y por esa gran profesionalidad que creo que tiene. Espero mucho de mí gracias a sus exigencias.

PD: en la foto somoslos 130 de mi clase multiplicado por seis clases más de periodismo en la facultad :)

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