martes, 27 de octubre de 2009

asdasdkgheirgk **


Siempre llevo el tiempo pegado al culo. Es paradójico porque me levanto con dos horas de antelación y cojo el metro a las ocho y veinte para llegar siempre diez minutos antes a la facultad, pero últimamente los trenes van llenos, tanto, que parece que algún día de estos, las puertas, el techo y el suelo vayan a reventar.
Esto a principios de octubre no pasaba, pero ya va comenzando noviembre y la gente ha decidido de repente asistir a las clases. Así que claro, muchas veces te quedas en tierra a pesar de que lleves cinco minutos esperando y preparada para meterte rápidamente en un vagón- aunque es preferible tardar cinco minutos que ser arrollada por la estampida de elefantes que se produce en Moncloa camino ciudad universitaria-.
Así que sí. Sales corriendo para no llegar tarde a clase de documentación informativa y cuando ves que son las nueve en punto y que vas a poder pillar ordenador (esa es otra, no todo el mundo puede asistir los martes a las clases de documentación informativa por falta de material), resulta que la Calero ha mandado un trabajo sobre el seguimiento de la muerte de Sabino Fernández Campo por los distintos medios de prensa, así que con cara de idiota, vas hasta la biblioteca y te dedicas a perder la clase de documentación y parte de la de lengua para que la Calero tenga constancia de ti y de tus trabajos. Pero la hora se pasa y hay bastantes periódicos que comentar.
Cuando acabas a las diez y media, vas hasta reprografía con tu pen-drive y te encuentras con una cola de, a simple vista, 45 minutos. Y de hecho, no te equivocas. Son las once y cuarto cuando has terminado de imprimir lo que tienes que imprimir y han pasado 18 minutos desde que la clase de la Calero ha comenzado cuando acabas de subir hasta la quinta planta.
Ella ha advertido muchas veces que cuando pasa ya no se abren las puertas, y así he hecho, ni me he molestado en llamar. Así que aquí estoy, con las fotocopias de Sabino debajo del culo y con el portátil apoyado en los muslos mientras escribo esto para… qué sé yo… manteneros informados sobre mi vida universitaria.
En fin, que mañana es otro día y en vez de levantarme a las siete, me levantaré a las ocho y ya veréis como llego temprano a las clases, cómo nadie ha mandado ningún trabajo y cómo me va el día redondo. Si es que no se puede tener time-table ni la vida tan organizada porque te sale siempre las cosas del revés.
De momento, hoy –segurísimo- aunque salga a las dos de la tarde de la facultad, cuando llegue a Gran Vía ya me han cerrado las puertas del comedor :)

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