miércoles, 20 de noviembre de 2013

El puente sobre el rio Kwai

Se torna el cuerpo en un trozo de carne blanca y pasada al caminar sobre el Puente del río Kwai. La mente voltea sin cansancio, las piernas ganan peso y los pasos lentitud. Poco a poco, los pies se hinchan y comienza a turbar la férrea inmensidad de la infraestructura hasta desarrollar el vértigo. Rubén me pide que nos vayamos, le falta el aire. Lo observo pálido y conjeturado, como si tuviera un mal augurio. Sobre el puente hay vías, pero no trenes. Temo que la sandalia se precipite puente abajo y caiga al río por una de las sinuosas hendiduras del raíl. Comprendo que de la emoción de no hacerse nunca con el camino llegan episodios opacos. Tardamos poco en cruzarlo, pero se nos antoja una eternidad. De la cálida humedad queda frío y de Rubén, algo extraño. Cuando llegamos a superficie, divisamos un mercado de frutas y verduras. Junto a él, una placa que dice algo así: “Por todos aquellos prisioneros que murieron construyendo este puente de manera forzosa en la Segunda Guerra Mundial”.

Rubén cruzando el puente. Kanchanaburi, Tailandia.

sábado, 20 de abril de 2013

Sobre lo gris y lo europeo


Artículo de opinión para El Sátiro Mordaz por Laura Martínez
Existe un inconfundible olor a cream tea en Reino Unido a eso de las 17.00 de la tarde. Todo un tópico, pero real al fin y al cabo. El cream tea es un panecillo cubierto de mermelada y nata montada –casera, por supuesto-, que se acompaña de té con leche. Se trata de la merienda británica que acrece el instinto del dulce. Sin embargo hay algo en Londres que la hace distinta al resto del mundo. Su aroma es una mezcla de cream tea con comida china, hindú e italiana, menús que la gente engulle con esa distorsión horaria.
Todos tienen una extraña percepción del tiempo: se levantan y desayunan demasiado temprano, comen demasiado temprano y cenan demasiado temprano, hasta la hora en la que se dan a la bebida es demasiado temprana. ¿Quién en su sano juicio podría olvidar las penas a las siete de la tarde? The Clashlos Rolling Stones,Pink FloydThe WhoDavid Bowie, ¿tomarían ellos también té a las cinco? ¿comerían ese ridículo pan con pepino y untado en mantequilla?
Luego está ese color plúmbeo que lo empapa todo y que acompaña hasta en la más oscura noche. Allá a donde vas el gris te persigue. Sus gentes lo saben y te advierten de ello cantando con ese acento británico tan pausado y cursi con el que alargan las palabras. Qué raro hablan. Qué raro visten. ¡Qué raro que sonrían con ese tiempo de mierda! Pero todo el mundo adora Londres. Se esconden allí huyendo de la filosofía mediterránea de dejar pasar las cosas. Son más organizados, más meticulosos, más perfeccionistas. En resumen, son más europeos. Lo afirman ellos y lo afirman también los que no son ellos.
Y cómo me molesta ese equívoco uso del concepto europeo, como si tuviera que ser algo estándar, como si fuera una etiqueta con una única definición. Italianos, portugueses, griegos y españoles no entran dentro de ella. Nosotros somos, y no de mis propias palabras, más latinos. Dominamos de sangrías y no de políticas, nos da lo mismo la corrupción y no sabemos de trabajo. Somos los vagos, los cerrados, los ineuropeos. Y mientras nos lo dicen- con ese mismo acento tan pausado y cursi con el que alargan las palabras-, nosotros agachamos la cabeza y decimos que “Spain is different”, incluso en su idioma para que nos entiendan. Nos avergüenza no ser de ese tipo de gente que no conoce el calor de la noche e infravaloramos todo lo que aquí tenemos. Por descontado, no voy a desmentir cosas que son totalmente ciertas sobre nosotros, pero creo que es el momento de ponerle punto y final a esa fama que tenemos de ser unos ineptos incompetentes. Nos evalúan el inglés diciendo siempre delante la expresión de: “para ser español”. Un handicap que nos perseguirá en la eternidad. Por ejemplo: “Para ser español, qué nivel de inglés tan alto tienes”. Deberíamos estar un poco hartos de ser los lailolailo. Pero despegarnos de nuestra increíble fama que nos despoja de ser europeos es tarea nuestra y de nadie más. Basta de sucumbir a los encantos ajenos a los nuestros. Y aunque parezca una exaltación del patriotismo – no voy a decir absolutamente nada para excusarme-, como en España, en pocos sitios.  Hoy me voy a dar el lujo de creer que también soy europea.

sábado, 1 de septiembre de 2012

CUBA 2012

"Camarón que se duerme, se lo come los turistas". Ni langosta, ni carne res.
Porque los cubanos tienen la vida restringida, pero cantan rumba y bailan son. Así es, Chan Chan vive jodido, pero contento. Después de su plato de arroz con frijoles, se va al porche a sentarse en la mecedora y a fumar tabaco. El cigarro cuesta menos de cuatro centavos. Se lo fuma anhelando el verdadero Cohiba. Enciende la televisión y escucha algo de los Van Van, pero su hija sólo quiere reguetón. Playa-playa, piscina-piscina. Y no te bañes en el malecón, ¡ay! Que en el agua hay un tiburón. Más tarde ambos se embullen en la quimera de salir del país para ver las pirámides de Egipto. Chan Chan estudió medicina. “Qué bruto” le dice la gente, “qué bruto”. ¿Quién estudiaría medicina allí? Se gana más vendiendo helados que sanando gente. Cuando hablan, lo hacen en susurros, porque entre las cañas de azúcar se esconden pajusos que podrían delatarte después de su masturbación. Psst, psst. La niña se gira, y ahí está él, con sus manos, trabajando el campo. Un guajiro esencial, con su sombrero de pajilla.
Como dije, tienen oídos las paredes y ojos las cuentas de correo electrónico. Los noticieros sólo mentiras y censuras. Qué mal anda el resto del mundo, el capitalismo, creado por el diablo, lo ha invadido todo. Para evitar que nos colonicen, gravaremos el dólar al 10%. Todos ven el mismo canal, porque no necesitan más que uno. Con él, todos saben que Hugo Chávez es amigo y qué grande es Rubiales, porque explica el parte de meteorología de manera amena cuando se avecina un ciclón a la isla. Que no cunda el pánico: primero evacuamos a los turistas para que el gobierno no tenga deuda con nadie, después... ya se verá.
Porque Cuba tiene un catalejo. Con él, la luna se ve, Marte se ve. ¡Hasta Plutón se ve! Pero el meñique del pie… no se ve.  Y así lo dicen: Socialismo o muerte. 

¡Viva la Revolución!




LA HABANA








Reliquias setenteras 

Manisera de La Habana.



Chan Chanes en La Habana



 CIENFUEGOS

Cienfuegos es la ciudad que más me gusta a mi, cantaba Benny Moré.


Vendedor de Mamoncillos, cinco pesos cubanos el ramo.


Taxis cubanos





Todos con Norma, guerrillera en la Revolución.

EL NICHO




TRINIDAD

El Zoom-Zoom. Los trayectos largos que cuestan 50 dólares, te cuestan en este camión particular 48 centavos. Sólo pueden montar cubanos. Nosotros nos camuflamos.

Chan Chan en Trinidad




 VIÑALES

Zona de cultivo de tabaco. El estado se queda con el 90% de lo que trabaja el guajiro.







 AGUACATE

Chan Chan en Aguacate



Vistas desde la loma de la playa Jibacoa.

Ex-doctor cubano


jueves, 26 de julio de 2012

Sólo David Hockney sabe lo que es el verano

"El verano es siempre mejor de lo que podría ser"
Charles Bowden

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Dejemos claro una cosa: en verano nunca se pregunta, bajo ningún concepto, la hora que es. Te puedo contextualizar y decir, por ejemplo, que es tiempo de beber tónicas y de andar con los potorros al aire, o que podemos ir al cine descubierto a meternos mano por el módico precio de un euro; o pasear por el parque vestida de Dorothy Gale mientras te tomas un helado y fantaseas con la vida; pero nunca anunciar la hora que es, porque en verano la coyuntura es diferente y existen tiempos y no horas. Otro ejemplo: “¿Qué hora es?” “Es tiempo de ir a la playa y dejarnos derretir al sol”.  No necesitas reloj en verano, sólo agua, como la que pinta el británico pop David Hockney en sus famosas bañeras y piscinas. Ese tío sí sabía lo que era el verano.

En sus pinturas no pasan las horas, ni si quiera las estaciones. Inmortaliza los meses de julio y agosto y aprovecha para recordarnos que el verano eterno sí existe. Por eso creo que deberíamos recordarlo, porque el verano, además, es muy pop, como su arte. “El arte pop es popular y destinado a un público amplio, pasajero, efímero, fácil de consumir y de olvidar, barato, producido en serie, joven y querido por la juventud, espiritual, sexy, llamativo, simpático, un negocio redondo” y aunque esto no lo decía Hockney, sino otro popista de la talla – Richard Hamilton- es muy aplicable al verano.  

Caluroso, pero apetecible, el verano se ha dejado caer como todos los años con sus no-horas y con invitaciones a algún que otro chapuzón. “A bigger Splash” es lo que nosotros necesitamos. Esa pintura delate que Hockney parecía precisar también de una salida veraniega y darse un buen baño de cloro, así que, dejando ese Londres tan gris allá por 1964, decide instalarse en Los Ángeles y comenzar a pintar paraísos.

"A Bigger Splash"  David Hockney, 1963

Los Ángeles es una ciudad de estrellas, sin duda; llena de esos mitos de la vida diaria que se manifiestan en la cultura de consumo. Lujo, chatarra; famoseo, anonimato;  progreso, frustración. Felicidad, ilusión, depresión y suicidio. Para esto último: Liz Taylor y Marilyn Monroe. Pero no era aquello lo que a nuestro Hockney le llamaba la atención. El clima es soleado, la gente está menos tensa… Cuando llegué no sabía si había algún tipo de vida artística allí y esa era la menor de mis preocupaciones


"Peter getting out of Nick's pool" David Hockney, 1966

 Por el contrario, Andy Warhol, otro artista de la corriente pop,  representó muy bien esta sociedad icónica con obras como sus famosísimas “Veinticinco Marilyns”. “Divinidad, estrellato y en tercer lugar, ¿cuál es la siguiente categoría? ¿Qué viene después del estrellato? La caída”. A Andy Warhol le encantaría ser una máquina; Marilyn Monroe detestaba ser una cosa.

¿Y a David Hockney, qué le gustaría ser? Se trata de un pop fascinado por la filosofía de aquella Italia profunda- y no tan profunda- que Hollywood tomó como ejemplo, la "dolce far niente", o lo que es igual, "refinada holgazanería". Porque hemos hablado de un Los Ángeles de estrellas, pero nos hemos olvidado de sus villas y piscinas. Sobre todo las piscinas. Hockney se sintió abrumado por el sol, la luz y los colores de California. Una atmósfera azul y un clima que invitaba todos los días del año a ser verano. Agua limpia y clara para darse un baño bien fresquito; una paz al ritmo del blues, como el color de sus piscinas, que siguen siendo protagonistas en sus obras después de tanto tiempo.

David Hockney, 1982

Si Hockney ha podido mostrarnos la inmortalidad de la claridad y el goce veraniego, nosotros deberíamos dejarnos llevar por sus divisas. “Yo pinto lo que quiero, cuando quiero y como quiero” Eso es una doctrina muy estival y fácil de aplicar. Así que dejemos las horas a un lado, tomemos helado, seduzcamos al vecino desde nuestras ventanas, escuchemos los hits de la radio, ¡cortémonos el pelo! y, sobre todo,  disfrutemos del tiempo de hagoloquemedalagana, porque es verano y en verano todo es posible. Incliso el amor.

lunes, 16 de julio de 2012

Perder contra un gabacho es mucho perder


“Una dentro de una 
Dentro de una 
Dentro de dentro de dentro de 
Una dentro de una 
Dentro de”



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 Esta noche me han preguntado qué pienso sobre la vida.
 
  La vida, qué grande queda cuando lo declamas. Se te abarrota la boca de abruptas dudas, de finos recuerdos y de sinuosos sueños que deseas cumplir, hasta que, finalmente, no puedes con tanta abstracción, que te atragantas y toses hasta llorar. Como cuando cocinas con cebollas, aunque esta vez no sólo te pican los ojos, sino que también te tiemblan las piernas. 

  A esa cuestión- de dimensiones del Crysler Building- no he sabido dar respuesta, pero me han dado una alternativa: la vida es una matrioska. Así de fácil. Con un símil de una sola palabra.
 
  Pero ¿cómo se te ocurre preguntar por la vida? El calor menguante de la noche estival es siempre inspirador porque con él los cuerpos salen a pasear sin sentir que se diluyen, las plazas se llenan de acordeones, el jazmín despereza su aroma, los edificios se visten de luces y la gente, de gala. Son las noches estivales las que infunden los afectos, la seducción y las ideas, pero éstas son siempre más vehementes si las acompañas con algo de cerveza. Verdad irrefutable.

 Así que, sentados por la noche en una terraza de la encantadora plaza Santa Ana y con nuestra tercera jarra ya en la mano, a mi compañero de mesa le dio por el lirismo y se le ocurrió preguntar. Fue simple, directo e inciso. ¿Qué es para ti la vida? Emmanuel, un francés que siente admiración por cómo los españoles le añadimos el –ito a todas las palabras, me dejó pensar un rato- sin éxito- hasta darme su propia respuesta. “La vida es como una muñeca rusa. Abres y abres caminos y siempre vas encontrándote con nuevos senderos, que sustituyen tus viejas vivencias; como la pequeña muñeca rusa que encuentras en el interior hueco de la grande.”
De eso trata la matrioska: echa de madera, está vacía por dentro y cuando la abres por la mitad, descubres que guarda otra. A su vez, ésta alberga en su interior una nueva muñeca y así sucesivamente hasta que llegas al fin a la muñeca inquebrantable.

Una de esas nunca falta en casa. Recuerdo horas y tardes jugando con ellas, abriéndolas por la mitad, esperando encontrar la siguiente vestida de otra manera, con otro color de ojos y otro color de cinta de pelo. Cuando te cansabas de una, la resquebrajabas para ir a la siguiente, hasta que, sin darte cuenta… ¡sorpresa! Habías ido puliendo la matrioska hasta llegar a su final. Pero lo seductor de ella es que nunca sabes cuántas puede guarecer, y es igualmente emocionante ir abriéndola lentamente, con cuidado; expectante y recelosa por hallar la muñeca que no contiene nada en su interior. El fin.

Así me han explicado la vida, con una teoría de abrir y cerrar etapas, de sorpresas mundanas, de perecederos acontecimientos. Un certificado de vivencia experimental, pero poco empírico. Impredecible y agonizante. Una muñeca rusa. Bueno para aquellos que se dejan llevar por las emociones, mejor para aquellos a quienes la incertidumbre nos mata.

¿Alentador? Sí, pero igualmente cursi. Sin embargo, veréis… esta es una visión desde los ojos de un joven francés trotamundos, y si algo me ha confirmado otra mucha gente, es que la vida se ve de distinta manera a medida que vas cumpliendo años. Jaime Gil de Biedma, poeta barcelonés, nos brindó con una desesperanzadora contemplación:

“Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.”

Versos extraídos de su poema “No volveré a ser joven”, donde el desaliento del ánimo está latente. Quizás realista, pero nada confortante.

Nosotros, los jóvenes, hablamos muchas veces de cómo nos vamos a devorar el mundo, en bocados grandes, en uno sólo si cabe. Inspiramos fuertemente en las calles y no notamos ese aroma a frito que desprenden las ventilaciones de los restaurantes. Parece que se camufla  en las ilusiones que tenemos y que no desvanecen nunca. Y así pasa el tiempo, cuestionándotelo todo y creyendo que tienes razón universal. Te emborrachas de la vida y te alimentas de fascinación. Pasamos las noches pintándonos los labios rojos y subiéndonos a los tacones más altos del mundo, porque queremos. Queremos y podemos. Nos fumamos todo el aire del ambiente, hasta la niebla y le hacemos el amor al paso de los días. Cabalgamos sobre los lomos de la vida, porque – y aunque muchas veces no lo queramos admitir- la adoramos y nos creemos capaces de cambiar el mundo sin que haya nadie que pueda quitarnos el apetito de los años.
Dicen que todo esto a los 20 es inspirador, que a los 30, es ridículo y que, finalmente, se acaba perdiendo.

“(…) ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.”

Pero si la vida es una matrioska, como me dijeron anoche, hay que aprovechar y dejarnos sorprender sin preocuparnos de cuándo vamos a dar con la última muñeca o si damos con sobresaltos que no nos gustan demasiado. Los fracasos se acumulan, cierto, pero los éxitos también. Y hay veces, antes del final, que puedes dar con una muñeca cautivadora.

Abramos, pues, nuestra matrioska. Encontrémonos con nuestras propias vivencias y descubramos emociones. Todo a la velocidad que creamos conveniente, pero siempre con cuidado de no agotar extremadamente rápido el cupo de muñecas. Si me permitís, seguiré abriendo mi matrioska con vosotros, porque –y esta vez lo digo yo- la vida sin contarla es como si no hubiera pasado.


(Una vez, en un abrir y abrir de estas muñecas rusas, me topé con un rico gay que se lamentaba de tener un tamaño de pene descomunal. Lo bautizamos como “El rico de anoche”)   



miércoles, 14 de marzo de 2012

¿La televisión no respeta nada?




El cantautor francés Manu Chao hace unas declaraciones durísimas contra  los medios de comunicación: “La televisión no respeta nada”. Lo dice en en uno de los siete capítulos de la serie documental de TVE "Voces contra la globalización" que, si todavía no la habéis visto este es el momento que me toca recomendároslo o recordároslo. 

A raíz de esa frase, Manu Chao explica que de esta manera, las nuevas generaciones, niños y jóvenes, se están alimentando de irrespetuosidad y falta de educación; que están creciendo con valores éticos infames y degradados, los mismos valores que le muestra la televisión.

El problema de los medios de comunicación de masas, y en especial en la tele, llega cuando todo se basa y se destina a crear beneficios. Entiendo que igual que otras muchas compañías, la empresa televisiva deba alcanzar unos determinados números y cifras de audiencia, es decir, que se consuma su programación para que no se vaya al traste. Es por eso que hay poquísimos contenidos culturales y educativos: porque a penas se consumen. La gente prefiere programas de entretenimiento como -y poniendo unos cuantos ejemplos obscenos- Gran Hermano, Sálvame, La Noria y demás aberraciones televisivas. 

Todo radica cuando el jefe de turno pronuncia la frase más peligrosa en los medios de comunicación de masa: “lo que el público quiere… ” A este tipo de empresarios o jefes, Maruja Torres, una de las grandes del periodismo español, los llama “Doble A”: ágrafos y amorales.*




Los medios de comunicación existen primero para informar (ahí es donde entra el periodismo) y luego, si cabe, para entretener. Pero los medios de comunicación masiva tienen un problema de orden de prioridades, o peor, de conceptos: ¿se llega incluso a tender al periodismo de entretenimiento para no perder audiencia? Maruja Torres nos pone un ejemplo de espíritu Doble A en el periodismo: la muerte de Diana Spencer, más conocida como Lady di. Maruja Afirma que muchísimos medios de comunicación serios se sumaron a las “especulaciones y falsedades que inflaron el globo de la histeria colectiva y se aprovecharon de ello para aumentar su difusión”

Y como este, muchísimos otros. Sin embargo en el periodismo no cabe la ocurrencia de “lo que el público quiere”. Éste existe para contarle a la gente lo que acontece en el mundo, les guste o no. 
Puede que Manu Chao haya sido tremendista con sus declaraciones, pero es cierto que muchos se olvidan que la televisión es un medio de comunicación de la que se alimentarán muchísimas personas y a penas hay contenidos culturales y educativos, y muchísimos programas tienden al entretenimiento malsano de la sociedad.




* Si quieres saber más de ese término DOBLE A acuñado por Maruja Torres, deberías leer su libro "Mujer en guerra. Más másters da la vida"

domingo, 4 de marzo de 2012

"Lo que no tenía nombre"



A Sylvia de Béjar la conozco desde que fui por primera vez al ginecólogo. Era una niña muy preguntona y con muchas dudas acerca de sexualidad. A mi decimocuarta pregunta, el médico no tuvo más remedio que recomendarme leer “Tu sexo es tuyo”. Probablemente lo hizo para quitarme de en medio por pesada, no le culpo. Me apuntó en un post-it el nombre del libro y la autora y me mandó para casita.



Salí de la consulta mientras lo guardaba en el bolsillo y, al llegar a casa, lo colgué en mi tablón de corchos para no olvidarme de que algún día debía hacerme con el libro.

Tengo que admitir que pasó tiempo – incluso ya llevaba un año instalada en la capital- hasta que lo compré. Pero nunca me deshice el post-it, incluso cuando me fui a Madrid a estudiar, lo arranqué del tablón y lo trasladé a la ciudad en una cajita blanca, concienciada de que algún día debía leerlo.

Me topé con el libro de casualidad en el Relay del aeropuerto Barajas de Madrid y no dudé ni un solo segundo para comprármelo.
Para mi sorpresa no era ningún manual para quinceañeras inexpertas. Se trataba de un libro sin tabúes, sin tapujos, desmitificador de leyendas sexuales absurdas y, sobre todo, un libro para concienciarnos a nosotras mismas de que estamos a la misma altura sexual que el hombre.

Un libro que engorda mi mazo justiciero y mi decepción con algunas mujeres cuando se comportan como unas machistas degenerativas que, por muy brusca que os haya parecido, existen y muchas. Con prejuicios, con cánones y esteriotipadas.

Si hay algo que debo aclarar antes de comenzar a meterme en terreno pedregoso, es que, como dijo en su día la actriz Carlotta Cosials cuando tuvimos la oportunidad de entrevistarla en El Megáfono, no me siento en absoluto infravalorada por mi condición de mujer, ni siento que mi sexo femenino me obstaculice en la vida. Como todos, las dificultades eran parte del contrato que tuve que firmar al nacer y no cuando descubrieron que tenía vagina.


Lo que quería hacer con esta entrada era transcribiros el principio del capítulo tercero del libro. Copio y pego:


            III

Lo que no tenía nombre

Descubrir lo que tenemos <>
(…)


Elsa me enseñó esta fotografía :)

No sé lo que opinarán los hombres, pero a mi modo de ver ellos lo tienen más fácil. Desde el principio, su pene está ahí, a la vista. Aunque sólo sea por necesidades fisiológicas, lo tocan varias veces al día y se familiarizan con él. No tardan de darse cuenta de su importancia ¡so hasta los mayores se lo admiran! “Mira qué bien dotado está el chaval. ¡Éste hará feliz a más de una!” Pero dimo, ¿alguna vez has oído exclamar: “¡Qué vulva más hermosa tiene mi niña!”? No es que lo eche en falta, lo que pretendo es subrayas la diferencia de trato entre el macho y la nena.
Dicho de otro modo, ellos, los hombres, crecen con su miembro en la mano, y con la aquiescencia de sus felices papás que aprueban que su hijo tenga una vida sexual. Son los mismos progenitores que de tener una niña suelen ocultarle- u omitir, lo que es igual de grave-, que ella también tiene un sexo del que enorgullecerse y disfrutar…  no vaya a ser que aprenda a utilizarlo y se la tire un desalmado y/o se quede embarazada. (Que no se te escape el detalle: ni siquiera consideran la posibilidad de que sea ella la que quiera tirárselo a él. Ha de ser una buena chica.)

(…)

¿Por qué estarán nuestros genitales tan escondidos? ¿Por qué nos los esconden? Nuestra sexualidad es un misterio, lo desconocido, el continente negro, que diría Freud, y nuestros genitales, peor todavía: una raja, una almeja, un conejo, el felpudo, el chumino, el chocho, el Chichi…  ¡No lo soporto! Me duele hasta escribirlo. (…) Entre nuestras hermosas piernas se esconde algo malsonante, y lo habitual es que lo más educativo que sepamos sobre ahí abajo esté relacionado con la asignatura de ciencias naturales, o sea, un simple tema de reproducción humana. (…) Pero, ¿y de los genitales desde el punto de vista secxual? Poco, muy poco o nada de nada salvo el consabido “Usa preservativos, no vayas a quedarte embarazada o te contagien algo”

Vamos que… o te preñan o te matan.

Lo que no tiene nombre sí que lo tiene y que ahí abajo las chicas tenemos otras partes y otras funciones mucho más interesantes.

¡Calla niña, no seas guarra!


Es verdad que muchas veces, ya desde el principio, son los padres quienes hacen las distinciones. Hasta el punto de tener una amiga que comentó una vez que a su padre le daba vergüenza ajena imaginarse a su hija practicando sexo. Vamos,que prefería vivir en la ignorancia antes de saber que su querida niñita ya era mayor para follar o hacer el amor - elegid término vosotros-. Pero lo peor de todo no es eso, si no que muchas mujeres se conforman con ese papel y ese tabú tan innecesario. 


¿Qué pensáis del texto? ¿Acertado, desmesurado, erróneo? Compartid vuestras impresiones y tildarme de feminista. Ah, no, eso solamente lo hace Edu


pd: Cuando muchas veces digo que hay que mimar a tu vagina y tenerla contenta no voy de farol. Dale chuches de vez en cuando. 
pd2: Victor, por mucho que digas, las vaginas son preciosas.